Publicado por: Editorial
En el mundo actual, la enseñanza del inglés en las instituciones educativas oficiales es una decisión que debería incluir el propósito de llevarla al 100 % de cobertura y hacerlo con los docentes mejor calificados posible. Los datos disponibles muestran una realidad que, vista en detalle, nos evidencia que el bajo nivel en el conocimiento de esta lengua compromete el futuro de miles de bachilleres, pues solo el 15 % de los estudiantes colombianos alcanza el nivel esperado de inglés al terminar el grado once; en el sector oficial esa cifra desciende al 8 %, frente al 33 % del sector privado, una brecha de 25 % que define quién podrá competir y quién quedará rezagado.
Lo que ya es una realidad innegable en la actualidad es que el dominio del inglés condiciona hoy el acceso a la educación superior y al desempeño en prácticamente todas las profesiones. Las universidades más reconocidas del mundo enseñan e investigan en ese idioma, y buena parte de la literatura académica se publica primero en inglés. Un bachiller sin competencias sólidas en esta lengua enfrenta restricciones concretas para acceder a programas académicos exigentes, a becas internacionales y a la producción de conocimiento actualizada, y esta limitación no opera solo en el ámbito universitario, sino también en la vida profesional.
El mercado laboral contemporáneo ya no valora el inglés como una competencia especial, sino como una habilidad transversal, de modo que los empleadores de sectores diversos lo examinan durante sus procesos de selección, y quienes lo dominan acceden a mejores remuneraciones y a oportunidades de trabajo remoto con clientes y empresas de otros países. El trabajo remoto en inglés crece de manera sostenida y constituye una fuente de ingresos relevante para quienes pueden desempeñarse en ese idioma, de suerte que negar a los estudiantes del sector oficial una formación sólida en inglés equivale a cerrarles puertas que hoy el mundo mantiene abiertas para otros.
El reciente resultado del colegio Bilingüe Divino Niño de Bucaramanga, que ocupó el primer lugar nacional en las pruebas Saber once de 2026, demuestra que la meta es alcanzable. Este plantel, que se ha destacado como colegio bilingüe, evidencia que cuando la enseñanza del inglés se asume con seriedad y continuidad, los resultados se dan y se convierten en referencia de lo que el sistema puede lograr cuando prioriza esta área con rigor y, claro, el hecho se convierte en un precedente para demostrar que el rezago no es una condición insuperable.
Cerrar la brecha exige esfuerzos significativos en varias áreas, pues, como mínimo, es necesaria la capacitación docente, pues no basta con exigir niveles de desempeño a los profesores, sino que se les debe garantizar programas de formación que les permitan alcanzar competencias sólidas en el idioma y en su pedagogía. La experiencia internacional muestra que los programas sostenidos de formación docente en inglés producen mejoras verificables en las aulas.
La segunda medida es la inclusión del inglés en la mayor cantidad posible de cursos del pénsum, tanto en primaria como en secundaria, pues la exposición temprana y sostenida al idioma es determinante para el desarrollo de competencias. Un estudiante que solo recibe inglés dos horas a la semana durante algunos años no desarrollará la fluidez que el mundo laboral y académico exigen, y de aquí surge la tercera medida, que es la aplicación práctica del idioma en las actividades pedagógicas, dado que el inglés debe usarse, no solo estudiarse como una materia teórica.
Por todo lo dicho, la enseñanza del inglés en los colegios públicos no puede seguir dependiendo de esfuerzos aislados ni de la buena voluntad de algunos docentes, y por eso es que se requiere una política general, con evaluación periódica y asignación de recursos. El país está en mora de sentar bases para una sociedad más preparada, capaz de insertarse con mejores condiciones en un mundo interconectado.










