Es equivocado creer que el origen de las migraciones masivas ha tenido causas semejantes a lo largo de los siglos; ellas están sujetas a las cambiantes situaciones históricas, políticas y económicas. Las razones de los movimientos migratorios del siglo XIX y de las dos primeras décadas del XX son unas, otras las del movimiento migratorio ocurrido después de la Segunda Guerra Mundial y, distintas, las que generan la movilización migratoria en el siglo XXI.
La revista The Economist y un sector de estudiosos considera que la ola migratoria que actualmente vive Occidente es efecto de las consecuencias negativas que sobre la productividad mundial ha generado la gran concentración de la riqueza en pocas manos, el ahondamiento de la pobreza y el subdesarrollo en puntos geográficos específicos como África y América Central. Por ello, piden reflexionar sobre el modelo económico predominante, pues no solo se ha globalizado el mercado y se han borrado las fronteras para los grandes capitales, sino que se ha globalizado el mundo de los pobres, quienes tampoco reconocen fronteras y migran masivamente de África a los países europeos, de América Central a Estados Unidos.
En el torbellino de las migraciones del siglo XXI, Colombia resultó inmerso por la aguda crisis económica, política y social en que se debate nuestro vecino, Venezuela.
Los movimientos migratorios del siglo XXI combinan varios factores, sobresaliendo el fracaso en que se han sumergido diversos proyectos estatales en países subdesarrollados, provocando graves crisis sociales, económicas y políticas para su población.
Los nacionales de tales países, ante dichos fracasos, rompen las barreras que para tratar de frenar las migraciones de los países vecinos, como ocurre con México y E.U. respecto de la migración centroamericana, o temerariamente se lanzan al mar, como hacen los africanos para llegar a Europa.
Las migraciones del siglo XXI han significado pérdidas de vidas, destrucción de familias y comunidades, los migrantes enfrentan incomprensión, rechazo, xenofobia y el planeta no ha hallado solución válida para el problema que viven Alemania, E.U., Gran Bretaña, Francia, Italia, México y Colombia, entre otros.
La respuesta orbital ha sido simplista, insuficiente. La falta de salida a la llamada globalización de los pobres la están pagando los gobernantes, las instituciones; esa inestabilidad política ha generado desconcertantes reacciones electorales en cada país.














