Reconocimientos en la JEP revelan nuevos detalles del secuestro y abren un camino de verdad largamente esperado.

Publicado por: Danilo Cárdenas
“No me puedo ir de esta vida sin saber qué pasó con mi negra”. Con esa frase, que retumbó este miércoles 10 de diciembre en las paredes del auditorio Juan Pablo II de la Universidad Pontificia Bolivariana en Bucaramanga, Nelkis Granados rompió el silencio que pesaba sobre la sala. Sus palabras atravesaron a todos: magistrados, académicos, políticos, periodistas y, sobre todo, a los hombres que tuvieron responsabilidad en el secuestro y desaparición de su madre.
Allí, frente a quienes durante décadas guardaron silencio, Nelkis volvió a exigir lo que ha buscado por 35 años: la verdad. Su madre, Felicia Granados Vázquez, era una lideresa social del municipio de San Pablo, al sur de Bolívar, que tras la muerte de su esposo asumió el liderazgo político y comunitario de su región.
Sus declaraciones hicieron parte de la audiencia regional de reconocimiento de Verdad del bloque Magdalena Medio de las extintas Farc. La jornada abrió con una explicación de la magistrada Julieta Lemaitre Ripoll sobre el sentido de esta audiencia: hace parte de la etapa regional del Caso 01, en el que la JEP pasó de investigar el secuestro como fenómeno nacional a analizarlo territorio por territorio.
“Esta es la cuarta audiencia de reconocimiento”, recordó, antes de precisar que allí se sentarían los comandantes del Bloque Magdalena Medio que “tuvieron responsabilidad y trayectoria en la región” para reconocer su participación en los secuestros cometidos por esa estructura.
Entre las historias que ese día volvieron a ponerse sobre la mesa está la de la mamá de Nelkis, Felicia Granados Vázquez. Ella participaba activamente en los procesos de parcelación y restitución de tierras entre los años 80 y 90. Poco a poco empezó a ganar reconocimiento de políticos, campesinos y del Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (Incora).
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La tranquilidad con la que Nelkis les hablaba a los hombres que un día dieron las órdenes contrastaba con la crudeza de los hechos que relataba. Su voz, serena pero firme, parecía sostener un dolor antiguo que ya no necesita gritar para imponerse.

El secuestro de Felicia: el día que la vida de Nelkis cambió para siempre
La historia continuó. El domingo 26 de agosto de 1990, Felicia Granados salió de Cartagena rumbo a San Pablo, como tantas veces lo hacía para atender la finca y el proyecto de parcelación que lideraba.
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A las cuatro de la madrugada tomó la “lechera”, el camión de transporte rural donde viajaban también dos guerrilleros, con quienes conversó durante el trayecto hasta que la dejaron en la entrada de Guarigua, vía hacia su parcela.
Al día siguiente, entre las siete y ocho de la mañana, el funcionario del Incora, Rafael Niño, llegó a la finca para revisar avances. A las 9:30, los mismos dos hombres aparecieron de nuevo, esta vez a caballo.
Felicia los saludó sin sobresalto y les ofreció algo de beber; ellos aceptaron agua, pero su nerviosismo era evidente. Minutos después se acercaron a ella y, con una frase seca, “tenemos orden de llevarla”, la maniataron y se la llevaron frente a los presentes. Rafael Niño sería liberado días más tarde; de Felicia nunca se volvió a saber.
Nelkis, quien se encontraba embarazada de su segundo hijo, desarrolló preeclampsia al enterarse de la noticia. Pese a eso, inició la búsqueda de su madre, que hoy completa 35 años sin respuesta. Investigó en Pozo Azul y otras zonas de influencia del Frente 24 y de la Coordinadora Guerrillera. Dialogó con líderes de la Unión Patriótica y con comandantes de grupos armados, quienes negaron toda responsabilidad.
“Han transcurrido 35 años de búsqueda donde uno termina siendo detective, policía y se gradúa… ya tenemos hasta grado y maestría en todo este tipo de investigación”, relató.

Los hallazgos que explican el origen de una guerra entre el paramilitarismo y la guerrilla
Los hallazgos presentados por la magistrada Julieta Lemaitre Ripoll responsable del caso 01 de la JEP correspondiente a los secuestros y a las desapariciones forzosas. Revelaron la dimensión del fenómeno que afectó a familias como la de Nelkis. Explicó que el Bloque Magdalena Medio comenzó a secuestrar desde inicios de los años ochenta, cuando un nuevo frente de las Farc se instaló en Cimitarra, Santander, y empezó a financiarse mediante el plagio de comerciantes y ganaderos.
Ese patrón, dijo, desató “una reacción muy violenta” que dio origen a las autodefensas de Boyacá y, años después, a las estructuras paramilitares que marcaron la historia reciente del país. Lea: JEP condena a 12 militares por falsos positivos: responsables de 135 crímenes
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“Voluntad y sinceridad”: lo que Nelkis persiguió por 35 años
Esta audiencia, aunque para algunos puedan ser solo palabras, fue exactamente lo que Nelkis había esperado por casi 35 años. Reconoció que, por primera vez, sintió gestos genuinos de disposición por parte de los comparecientes: “Yo vi voluntad, vi sinceridad”.
Su mensaje para las demás víctimas del conflicto armado es claro: no perder la fe. Su camino, dice, ha sido duro, pero transformador. “A mí me tocó pasar por dos etapas de la vida”, recordó.

La primera, la del dolor y del golpe emocional que la obligó a aprender a sobrevivir sin respuestas. La segunda, la de la claridad, cuando comprendió que no podía vivir dominada por la rabia. “Después viene la capacidad de pensar, de discernir… que no me vuelvo nada rencorosa, porque lo que estoy buscando necesita fortaleza”.
Aun así, insiste en que todos, incluso los victimarios, son víctimas de una guerra que terminó siendo un círculo vicioso. Su reflexión final es una invitación a romperlo: “Hay que tener la gallardía de no seguir una guerra sin fin. Perdonarnos para poder perdonar y construir, por fin, la paz que tanto anhelamos”.
















