Desde la provincia de Vélez surge una propuesta que mezcla tradición, gastronomía y sostenibilidad. Busca que cada dulce elaborado con guayaba contribuya a la restauración de bosques.

En la provincia de Vélez la guayaba le da la sazón a la tradición gastronómica. El bocadillo veleño simboliza un legado familiar, campesino y cultural que ha acompañado durante generaciones la mesa de los colombianos. De hecho, en 2017 la Superintendencia de Industria y Comercio le otorgó la Denominación de Origen Colombiano.
Es una insignia del departamento que viaja hacia ocho países entre ellos Estados Unidos, España, Perú, Aruba, Reino Unido, Curazao e incluso Emiratos Árabes.
En 2025, el bocadillo veleño, que lleva más de 200 años endulzando paladares, tuvo su mejor año en ventas al extranjero, según los reportes disponibles (2021).
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Desde este territorio santandereano surge ahora una propuesta que busca conectar ese patrimonio gastronómico con un propósito ambiental. El Bocadillo Veleño Nativo plantea que cada bocadillo consumido pueda contribuir a la restauración de bosques.
La idea es convertir el consumo de este dulce tradicional en una acción que tenga impacto sobre el territorio del que proviene.
Detrás de la propuesta se encuentra un equipo que reúne productores, gestores turísticos y promotores culturales del territorio. Entre ellos está Carlos Alberto Duque Gómez, creativo del sector del turismo. “La idea nace de una reflexión profunda sobre la crisis de la tierra. Entendemos que la crisis de la tierra, en realidad, es también la crisis interior del ser humano”, señala.
Según explica, desde la organización Dulces La Sabrosura y en alianza con Pazapporte Turismo Colombia, surgió la inquietud de pensar cómo un producto tradicional podía aportar soluciones frente a los retos ambientales actuales.
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“Decidimos leer la naturaleza, comprender sus necesidades y aportar soluciones desde lo que sabemos hacer. Así surgió la idea de que un producto tradicional como el bocadillo veleño con Denominación de Origen, tan presente en la mesa de los colombianos, pudiera convertirse también en una herramienta de restauración ambiental”, afirma Duque.
Un dulce que nace del territorio
El bocadillo veleño es uno de los productos más representativos de la gastronomía santandereana. Su preparación parte de la pulpa de guayaba y azúcar, cocinadas hasta alcanzar el punto preciso que los paileros conocen gracias a años de experiencia.
Este dulce forma parte de la identidad cultural de la provincia de Vélez, donde su producción involucra cultivos de guayaba, fábricas familiares y saberes transmitidos entre generaciones. Esa relación con el territorio es precisamente uno de los puntos de partida de la iniciativa.
“El bocadillo veleño es un manjar que ha acompañado la mesa de los colombianos durante generaciones. Pensar en la gastronomía como una herramienta de transformación ambiental surge precisamente de esa realidad, si millones de personas consumen un producto tradicional, ese mismo producto puede convertirse en un vehículo para cuidar la tierra”, explica Carlos Alberto Duque.
La guayaba utilizada para la producción proviene de cultivos ubicados en la vereda El Uvito, en Vélez.
“Es un equipo profundamente comprometido con conectar tradición, turismo regenerativo, territorio y restauración ambiental”, explica Duque.

Restauración en Bosques de Pandora
La restauración se realizará en Bosques de Pandora Geoparque, ubicado en El Peñón. La propuesta plantea que por cada 2.000 bocadillos producidos se siembre un árbol nativo. Según sus promotores, la fábrica tiene una capacidad cercana a 50.000 bocadillos diarios, lo que permitiría sembrar alrededor de 25 árboles cada día.
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“El proceso de restauración se realizará en un área que requiere recuperación ecológica”, explica Duque.
El trabajo se centra en la recuperación de bosques kársticos, un ecosistema que cumple funciones importantes para la regulación del agua, la conservación de los suelos y la biodiversidad.
La siembra contempla especies como chicalás, encenillos, fucsias, amarillos, siete cueros, eugenias, gaques y robles.
Además, el proyecto plantea realizar una jornada oficial de siembra cada 13 de septiembre.
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“El objetivo es que este proceso se convierta en un ejemplo de cómo un producto tradicional puede ayudar a restaurar la relación entre cultura, gastronomía y naturaleza”, señala Duque.
El equipo que impulsa la iniciativa incluye a Freddy Perdomo, productor de la fábrica de dulces La Sabrosura; Omar Coronado, encargado del componente de comunicación y redes sociales; Juan Bautista Ulloa, conocido como “El Profe”, quien aporta el conocimiento sobre restauración de ecosistemas desde Bosques de Pandora Geoparque; y Carlos Alberto Duque Gómez, quien lidera la concepción creativa del proyecto.


















