El comportamiento climático ya empieza a generar expectativas más moderadas sobre la producción cafetera del departamento.

Publicado por: Jorge Rios
Mientras los productores de café de Santander preparan sus cultivos, revisan el estado de los cafetales y hacen cuentas sobre lo que podría representar la cosecha principal de 2026, una nueva preocupación empieza a crecer entre las montañas cafeteras del departamento: que el comportamiento del clima altere una producción altamente dependiente de las lluvias de los próximos meses, en medio de las alertas por un posible fenómeno de El Niño de intensidad fuerte o muy fuerte.
Para los caficultores, cada grano representa horas de trabajo, y las lluvias son parte fundamental del proceso que permite llevar el café a las tazas de los hogares.
Este año la mirada está puesta especialmente en agosto y septiembre, dos meses fundamentales para el llenado del fruto y que, de acuerdo con las previsiones climáticas, coincidirían con el periodo en el que podría presentarse un mayor fortalecimiento del fenómeno de El Niño.
Agosto y septiembre serán los meses claves para los productores y las lluvias.
La preocupación del sector es que mientras los cultivos necesitan agua para garantizar el desarrollo del grano, el escenario climático podría traer precisamente una reducción de las lluvias y un aumento de las temperaturas.
Si se presenta un fenómeno de alta intensidad, los efectos podrían sentirse en la producción, la disponibilidad del recurso hídrico y las condiciones de las familias que dependen de la caficultura.
En Santander, donde la cosecha principal se concentra entre septiembre y enero, el comportamiento del clima durante estos meses resulta determinante. El departamento cuenta con una amplia presencia cafetera en sus municipios, especialmente en zonas de tradición productiva como Socorro, San Gil, Páramo, Confines y Valle de San José. Si se mantiene el dato de que cerca del 70 % de la producción se concentra en Guanentá y Comunera, debe atribuirse de manera expresa al Comité de Cafeteros de Santander.
“Los cafeteros estamos inquietos, todavía no preocupados, pero si llegara un súper fenómeno del Niño sería catastrófico”, explicó Néstor Serrano Capacho, director del Comité de Cafeteros de Santander, quien señaló que todavía es necesario esperar cómo evoluciona el clima durante los próximos meses.
Publicidad
El cambio climático
Para entender la preocupación de los productores hay que mirar el comportamiento natural del cultivo. Según explicó Serrano, normalmente los primeros meses del año corresponden a una época seca que cumple una función importante dentro del proceso productivo del café.

Durante enero, febrero y parte de marzo, las plantas atraviesan un periodo de menor disponibilidad de agua que genera un estrés necesario en el cultivo. Luego llegan las lluvias, se producen las floraciones que definirán buena parte de la cosecha del segundo semestre.
Sin embargo, durante este año ese comportamiento no se cumplió. Las lluvias estuvieron presentes durante buena parte del primer trimestre y evitaron ese periodo seco que tradicionalmente prepara los cafetales para una floración más fuerte.
“Las plantas deben estar sin nada, deshidratadas, como tristes; eso hace que se estresen y cuando llegan las lluvias de marzo empiezan las floraciones bonitas. Pero este año no hubo verano, por eso la cosecha se nos va a bajar un poco porque no hubo ese estrés inicial”, explicó el dirigente cafetero.
Ahora la atención está puesta en los próximos meses. El periodo seco que normalmente se presenta entre mayo, junio y julio ya debería estar avanzando, pero el verdadero reto estará en agosto y septiembre, cuando los frutos estarán en una etapa clave de llenado y necesitarán suficiente humedad.
Precisamente esos meses son los que generan mayor expectativa entre los productores, debido a que coinciden con el periodo en el que los pronósticos climáticos advierten una posible mayor influencia del fenómeno de El Niño.
La cosecha podría volver a reducirse
El comportamiento climático ya empieza a generar expectativas más moderadas sobre la producción cafetera del departamento.
Publicidad

En 2025 Santander alcanzó una cosecha cercana a las 490.000 cargas de café de 125 kilos, mientras que en 2024 la producción había llegado a unas 530.000 cargas.
Aunque todavía no existe una proyección definitiva, Serrano explicó que las conversaciones adelantadas con productores muestran la posibilidad de una nueva disminución. La cifra oficial solo se conocerá en agosto, cuando la Federación Nacional de Cafeteros realice el muestreo estadístico que permite establecer las previsiones para la cosecha.
El director del Comité recordó que Santander tiene un régimen climático muy marcado: un verano fuerte entre diciembre y febrero, lluvias en marzo y abril, una temporada seca entre mayo y julio y nuevamente precipitaciones en agosto y septiembre. El cambio en ese comportamiento representa un desafío para una actividad que depende directamente del equilibrio del agua.
Ante este escenario, el Comité de Cafeteros de Santander viene realizando encuentros con productores para explicar los posibles efectos del fenómeno de El Niño y las acciones preventivas que pueden adelantarse desde las fincas.
















