Hace parte de la Universidad Federal de Campina Grande en Brasil y en sus clases introduce a sus estudiantes en el mundo de la física. Es egresado de la UIS. Se dedica al estudio de la interacción de partículas en el universo, a la ‘partícula de Dios’, pasando por la medicina nuclear. Esta es su historia.

Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
¿Qué sería de un profesional de la física sin un grupo de estudiantes que lo escuche y resuelva toda clase de problemas relacionados con la energía, la materia, el espacio y el tiempo, más la interacción entre estos elementos?
Esta pregunta a lo mejor se la hacen egresados de esta carrera, docentes, rectores de universidades donde se imparte conocimiento sobre esta área y hasta estudiantes de colegio, quienes muchas veces creen que la física es una asignatura que se ubica en el cronograma académico con el fin de fastidiarlos.
Sin embargo, cuando se conversa con Diego Alejandro Cogollo Aponte, físico egresado de la Universidad Industrial de Santander, de 36 años, hoy doctor en Física de la Universidad Federal la Paraida, Brasil, lo que se puede concluir es que, desde lo local existen pocas opciones y que poco se ha hecho para que las futuras generaciones y los que buscan mejores oportunidades laborales se encaminen en esta área del conocimiento.
Como asegura este bumangués, quien ya completa una década de estudios y de investigaciones en el Departamento de Física de la Universidad de Campina Grande, donde es uno de los profesores más ilustres, “si el hombre no hubiera estudiado física, los estudiantes estarían llegando a clase en un burro a clase, tendrían que estudiar en las noches con velas, tan solo citando algunos ejemplo. Además, el hombre no habría entendido que la Tierra está en continuo movimiento, que se desplaza, con el resto de planetas y cuerpos del Sistema Solar, girando alrededor del centro de la Vía Láctea”, añade Diego Alejandro.
Gracias a la física, como lo recuerda este hijo del barrio La Victoria de Bucaramanga, egresado del colegio Aurelio Martínez Mutis, la humanidad no habría comprendido que la materia está compuesta por ínfimas partículas elementales llamadas átomos y que el universo no se detiene, que está cada día en expansión, y que existen cuerpos con tanta masa concentrada en su interior que ni la luz logra escapar, como son los agujeros negros.
“La física es el punto de partida de los avances tecnológicos”, recuerda Diego mientras se toma una gaseosa local. Luego, agrega que ojalá su visita a Bucaramanga, en compañía de directivos e investigadores brasileros, no sea en vano, y que tanto la Universidad Industrial de Santander como las Unidades Tecnológicas de Santander –institución que ya firmó un convenio de cooperación científica, tecnológica y de intercambio académico de estudiantes y docentes con la Universidad Federal de Campina Grande– logren entrar en un proceso de cambio para mejorar el perfil de los físicos egresados de la capital santandereana.
“Hoy todo está relacionado con la física. Los celulares, el internet, los motores de los carros… Los que consiguen dominarla, dominan el mundo, como lo hacen los koreanos o los japoneses. Y en una escala no tan grande, pero considerable, está Brasil, pues hasta el momento, en América Latina, no existe un país donde se brinden oportunidades para perfeccionar estos estudios”, añade Diego Cogollo.
Llegada a Brasil
Al partir de su amada Bucaramanga, Diego tenía el propósito de cursar una maestría en física, gracias al apoyo que para el 2003 brindaba el gobierno brasilero, en ese entonces en cabeza de Luiz Inácio Lula da Silva.
Debía llegar al país más grande del continente por tierra, porque no tenía el dinero suficiente para el viaje. Al llegar a Leticia (Amazonas), recuerda, tomó un barco que lo llevaría a Manaos y de allí otra embarcación que lo acercaría hasta Belém, por el río Amazonas. Su destino final era la ciudad de Recife, capital del estado de Pernambuco, donde iniciaría sus estudios en la universidad pública de esta ciudad.
“Fue un momento especial. Sentirse en medio de nada y de todo al mismo tiempo, porque el río es tan ancho que no deja divisar tierra firme. Era un viaje cargado de mucho sentimiento, por dejar a mi familia en Bucaramanga. Sabía que tendría que demorarme mínimo dos años para volver”.
Al arribar a la ciudad, sin hablar portugués, Diego cuenta que llegó a vivir a una unidad residencial particular, donde lo acogieron y le ayudaron, en el transcurso de un año, a entender este idioma sonoro y rítmico.
“Recuerdo a los niños de 10 años que salían con sus mamás y se sentaban a mi lado en las noches. Me enseñaban palabras claves y por mi cuenta aprendí la conjugación de verbos. La verdad es que mi aprendizaje fue muy autodidacta”, comenta.
Sus estudios de maestría se extendieron por dos años. Luego, gracias a su esfuerzo personal, ingresó a cursar un doctorado en esta misma área, en la Universidad Federal de la Paraíba, durante cuatro años.
En esos años Diego conoce con José Edílson de Amorim, actual rector de la Universidad Federal de Campiña Grande (UFCG), quien lo invita a ser parte del Departamento de Física de esta prestigiosa universidad, destacada en el campo de las ingenierías.
Física pura
En esta universidad brasilera ha trabajado en varios cursos enfocados en la física nuclear. Junto a sus estudiantes, sigue en detalle lo que acontece en la vida de una estrella hasta llegara la formación de agujeros negros, lugares estudiados por el físico y científico inglés, Stephen Hawking, cuya gravedad absorbe hacia el interior todo lo que pase por su lado, hasta lo más profundo. También se ha dedicado al estudio de la interacción de partículas, su proporción y cómo esto influencia nuestras vidas.
Junto a otros investigadores de la Universidad Federal de Campina Grande, Diego Cogollo también se ha dedicado a seguir de cerca el estudio de la ‘partícula de Dios’ o el ‘bosón de Higgs’, lo que podría dar explicación de cómo y de qué está conformado el universo.
“Trabajamos con los detectores de partículas usados en este experimento, el Atlas y el CMS (de la Organización Europea para la Investigación Nuclear, Cern, en inglés), que usa una tecnología de pixels híbridos que podría ser utilizada en mejorar la calidad de las imágenes médicas, lo cual significaría un mejor diagnósticos de enfermedades como el cáncer”, explica este físico.
“Diego es un excelente profesional y queremos que su conocimiento traspase fronteras. Ya conseguimos un primer acercamiento con las Unidades Tecnológicas. Esperamos que nuestros profesionales lleguen a Bucaramanga y que de acá puedan partir a Brasil,”, asegura Edílson de Amorim, rector de la UFCG.
Para concluir, Diego Alejandro asegira que Santander tiene que mirar más allá de la posibilidad de abrir espacios para los físicos solo en las aulas de clase. “Hay que formarse como investigador para consolidar un grupo importante de docentes en las universidades. La idea es hacer convenios con varias universidades de la región y lograr en un futuro ser protagonistas más directos en esos experimentos y más experimentos”.















