Esta joya ecosistémica, creada entre la mano del hombre y la de la naturaleza, es uno de los polos de desarrollo turístico con mayor proyección en Santander.

En 2009, Isagén, una de las empresas generadoras de energía más grandes del país arrancó la construcción de una presa en el cauce del río Sogamoso. La idea fue crear un muro de cerca de 190 metros de altura e instalar unas turbinas para producir electricidad.
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Tras seis años de obras, el 15 de enero de 2015 la hidroeléctrica fue puesta en funcionamiento. Para este proyecto se invirtieron cerca de $4,3 billones pero aproximadamente $1,2 billones se destinaron para el componente ambiental .

Luego del llenado de la represa, cerca de 7.000 hectáreas de la antigua vía entre Bucaramanga y Barrancabermeja fueron inundados y en la zona se formó un espejo de agua de 4.800 millones de metros cúbicos de agua que fueron bautizados como Topocoro, una palabra con la que los indígenas Guane denominaban a Betulia.
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Esta represa está ubicada a cerca de una hora y 20 minutos de Bucaramanga, precisamente sobre el nuevo trazado vial que comunica con San Vicente de Chucurí. Allí los municipios de Girón, Betulia, Zapatoca, Los Santos, Lebrija y San Vicente de Chucurí tienen injerencia.

Desde su llenado, a la represa se le dio varios usos alternativos, distintos a la generación de energía. Luego de nueve años de su apertura, en el sitio se practican diversos deportes náuticos, hay paseos guiados en lanchas y embarcaciones de mayor tamaño. También se practican el turismo de naturaleza, las caminatas y hasta la pesca artesanal.
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Asimismo, en la zona se proyecta la construcción de complejos hoteleros, muelles y aparcaderos para las embarcaciones que allí navegan. Cabe destacar que en la zona hay cerca de 2.500 hectáreas protegidas en las que hay diversidad de fauna y flora, algunas de estas especies endémicas y otras en peligro de extinción.

No obstante, pese a su riqueza natural, durante este año la represa sufrió los embates del intenso calor y disminuyó su caudal en cerca de 25 metros. Esta situación afectó la operación turística y la pesca comercial y de consumo propio de los campesinos de la zona.
Uno de los retos más grandes para este espejo de agua es que se establezca un Plan de Ordenamiento de Embalse, POE, con el que se establecerán las reglas de juego para la sostenibilidad del ecosistema.
















