El niño Ángel nació con una cardiopatía congénita. Tras años de incertidumbre, sus padres encontraron esperanza en el Instituto Cardiovascular del HIC en Santander, donde un equipo médico logró restaurar ambos ventrículos mediante una cirugía compleja y pionera. El procedimiento, que duró más de diez horas, marcó un antes y un después en la vida de Ángel, abriendo la puerta a una infancia llena de nuevas posibilidades.

Desde el primer latido, Ángel libraba una batalla silenciosa. Nació con una cardiopatía congénita que limitaba el funcionamiento de su corazón. Solo uno de sus ventrículos podía trabajar, y eso reducía drásticamente sus posibilidades de vivir una infancia plena. Para sus padres, José Alexis Chacón y su esposa, cada día fue una mezcla de amor, miedo y esperanza. Querían algo más para su hijo. Querían verlo correr, reír, jugar al fútbol como cualquier otro niño.
Después de recorrer un largo y difícil camino en busca de una solución, llegaron al Instituto Cardiovascular del HIC en Santander, donde todo cambió. Allí, un grupo de médicos vio en Ángel no solo a un paciente, sino a un niño con una oportunidad. Contra todo pronóstico, decidieron intentar lo impensable: restaurar la función de ambos ventrículos de su corazón.

“Revertir la cirugía anterior era un enorme reto”, explicó la doctora Sara Mendoza Crespo, jefe de Cirugía Cardiovascular Pediátrica y Congénitas del HIC. “Durante ocho años, solo un ventrículo había hecho el trabajo de dos. Había que reconstruir por completo la forma en que su sangre circulaba”.
Pero lo hicieron. Durante más de diez horas en quirófano, un equipo multidisciplinario -incluyendo expertos en hemodinamia, anestesia y cirugía cardiovascular- ejecutó un procedimiento de altísima complejidad, apoyado en experiencias internacionales y en colaboración con especialistas del Boston Children’s Hospital.
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Uno de los momentos cruciales fue la reconstrucción de la circulación sanguínea: desvincular las conexiones anteriores de las venas cavas y unirlas mediante un injerto vascular del Banco de Tejidos del hospital. La operación, que en la práctica combinó cerca de cinco intervenciones, abrió un nuevo capítulo para Ángel.

La respuesta fue inmediata. Por primera vez, su corazón trabajaba como debía. Su oxigenación mejoró, y con ella, su vida entera. Ahora Ángel corre, juega fútbol y sueña sin miedo, sin las barreras que su enfermedad le imponía.
“Esta cirugía le ha dado una nueva oportunidad de vida a mi hijo”, dice su padre, con la voz entrecortada por la emoción. “Verlo hacer cosas tan sencillas como subir unas escaleras sin agotarse... eso es un milagro. Estamos agradecidos eternamente con los médicos y con Dios”.
Este procedimiento pionero en Santander marca un hito para la medicina pediátrica en Colombia. Abre una puerta de esperanza para muchos niños con condiciones similares, demostrando que, con conocimiento, innovación y humanidad, incluso los corazones más frágiles pueden volver a latir con fuerza. Porque, como lo demostró Ángel, a veces un nuevo latido puede significar el comienzo de toda una vida. ¡Dios lo bendiga a él y a nuestros profesionales de la salud!














