Bucaramanga
Lunes 15 de diciembre de 2025 - 10:04 AM

Así es la salida voluntaria para los inmigrantes en EE.UU.

El gobierno estadounidense ha venido promoviendo el regreso voluntario de los migrantes, en medio de la ofensiva que ha adelantado en todo el territorio nacional para deportar a las personas que han ingresado ilegalmente a ese país.

Reinaldo Peña venía trabajando en un restaurante en Minnesota, Estados Unidos, y ya llevaba cuatro años instalado en ese país junto a su familia. No obstante, en medio de la incertidumbre por las políticas antimigrantes del Gobierno Trump, optaron por acogerse a la salida voluntaria (Suministrada / VANGUARDIA)
Reinaldo Peña venía trabajando en un restaurante en Minnesota, Estados Unidos, y ya llevaba cuatro años instalado en ese país junto a su familia. No obstante, en medio de la incertidumbre por las políticas antimigrantes del Gobierno Trump, optaron por acogerse a la salida voluntaria (Suministrada / VANGUARDIA)

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Publicado por: Alberto Donadío

El 25 de noviembre Reinaldo Peña, su esposa y su hija menor de edad aterrizaron en el aeropuerto de Palonegro. Venían de Minneapolis, en el estado de Minnesota. No tuvieron que pagar los pasajes de avión. El viaje lo costeó el gobierno de los Estados Unidos.

Esta familia santandereana volvía a Bucaramanga después de casi cuatro años. Entraron por la frontera mexicana en febrero de 2022 y tenían la intención de quedarse a vivir en los Estados Unidos. Pero la política anti-inmigrantes del presidente Trump los puso a pensar. No fueron detenidos por la inmigración ni presenciaron las redadas que se han visto en supermercados y en grandes almacenes como Home Depot y Walmart para arrestar y deportar a inmigrantes ilegales. Pero Reinaldo Peña y su esposa sí vieron los videos sobre niños que quedaban solos en los Estados Unidos cuando el gobierno deportaba al padre o a la madre y querían evitar ese trauma a su hija de seis años. “Por la paz mental, emocional, nos regresamos. Era hora de salir porque eso está que se prende. Llegué canoso y creí que iba a llegar calvo”, dijo Reinaldo, que tiene 35 años. “El migrante no se siente tranquilo de ir al mercado, de ir a comprar un helado. Hay miedo”.

Desde cuando Trump ganó las elecciones, los pastores de la iglesia Rey de Reyes Church en Minnesota les recomendaron a feligreses como Reinaldo y sus esposa no viajar fuera del estado pues Minnesota es un estado santuario que acoge a inmigrantes. “Hagan lo estrictamente necesario”, advirtieron los pastores. “En Estados Unidos se tiene una buena vida, uno puede ir al restaurante, la gente es igual, no hay tanto clasismo. Los colegios son soñados y gratis. Uno allá es más rico que en su propio país. Sí toca ahorrar pero se ven resultados en la calidad de vida”, anota Reinaldo.

Reinaldo Peña venía trabajando en un restaurante en Minnesota, Estados Unidos, y ya llevaba cuatro años instalado en ese país junto a su familia. No obstante, en medio de la incertidumbre por las políticas antimigrantes del Gobierno Trump, optaron por acogerse a la salida voluntaria (Suministrada / VANGUARDIA)
Reinaldo Peña venía trabajando en un restaurante en Minnesota, Estados Unidos, y ya llevaba cuatro años instalado en ese país junto a su familia. No obstante, en medio de la incertidumbre por las políticas antimigrantes del Gobierno Trump, optaron por acogerse a la salida voluntaria (Suministrada / VANGUARDIA)

La familia viajó en avión de Colombia a Ciudad de México en 2022. Allá tomaron otro vuelo a Mexicali. La migración mexicana los detuvo una noche y luego los llevó a Tijuana en una patrulla. Los dejaron en una casa para inmigrantes de paso, donde los acogieron gratuitamente. Les dieron comida: burritos de papa y jugo de manzana. “Paguen un Uber a la frontera y pasan fácil”, alguien les dijo. A las seis de la mañana se presentaron en la frontera. Border Patrol, la patrulla de fronteras, los procesó. Solicitaron asilo. Luego viajaron en avión a Minnesota.

La primera semana se alojaron en la casa de unos pastores que los esperaban. Luego tomaron una pieza en una casa. Otras piezas estaban alquiladas a inmigrantes que trabajaban de noche y dormían de día. La niña tenía dos años y había que decirle que no hiciera ruido. Allá estuvieron un mes. Ana, la señora que alquilaba cuartos, trabajaba en un restaurante mexicano, Mezcalito Butcher. “Allá se va a ir el dishwasher”, le dijo a Reinaldo. “Yo trabajo en lo que sea”, le contestó Reinaldo. El descubrió que unos tíos que se habían ido un año antes estaban en Apple Valley, un suburbio de Minneapolis. Ellos aceptaron compartir una pieza del trailer donde vivían con el sobrino.

“El manager del restaurante era un mexicano muy linda persona”, recuerda Reinaldo. Le dijo que se fuera con Ana, que empezaba turno a las 4 pm. Así empezó a trabajar lavando platos y ganando 19 dólares la hora. Don César, un cocinero ecuatoriano que lleva 25 años en los Estados Unidos y trabajaba en el restaurante, dijo: “Ese poligallo no es capaz, no es pollo ni gallo, apostemos”. Nadie quiso apostar. Luego don César le decía a Reinaldo: “Mijo te respeto, me hubieras hecho perder mi dinero”.

Reinaldo Peña venía trabajando en un restaurante en Minnesota, Estados Unidos, y ya llevaba cuatro años instalado en ese país junto a su familia. No obstante, en medio de la incertidumbre por las políticas antimigrantes del Gobierno Trump, optaron por acogerse a la salida voluntaria (Suministrada / VANGUARDIA)
Reinaldo Peña venía trabajando en un restaurante en Minnesota, Estados Unidos, y ya llevaba cuatro años instalado en ese país junto a su familia. No obstante, en medio de la incertidumbre por las políticas antimigrantes del Gobierno Trump, optaron por acogerse a la salida voluntaria (Suministrada / VANGUARDIA)

Recuerda Reinaldo: “El restaurante significó para mí como una sombrilla en medio de un aguacero”. Para trabajar necesitaba una tarjeta del Social Security y un documento de identidad. Eran papeles falsos que alguien le vendió. El iba al trabajo en bicicleta hasta que Elmer, otro trabajador, le vendió un Toyota Camry del año 2000 con el volante torcido. “Ibamos a la iglesia, al trabajo, al parque con la niña en el Toyota. No le compré repuestos, solo gasolina y aceite. Solo le llenaba el nivel de aceite cuando se bajaba”, expresa Reinaldo.

Una sola de las puertas del Toyota abría. Las otras se abrían desde adentro. Elmer dijo que el carro funcionaría tres meses. Pero a Reinaldo le duró tres años. Después Elmer decía que los 800 dólares que Reinaldo le pagó por el carro solo le duraron una semana pero que Reinaldo durante tres años siguió andando en el carro. Cuando ya no servía, una compañía de chatarra lo compró por 250 dólares. Después compró una camioneta Nissan Rogue por 5.600 dólares, que vendió antes de regresarse por 3.500 dólares a un policía cubano.

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En el restaurante Reinaldo se lesionó el manguito rotador del brazo derecho porque todos los días utilizaba una manguera de agua caliente para limpiar la grasa de platos y ollas, antes de poner los utensilios en una lavadora. Pero no tenía seguro médico y la lesión la tuvo que atender por su cuenta. Después Reinaldo pasó a la cocina.

“Me decían tráigame el pico de gallo, el elote, yo no sabía qué era eso. En Bucaramanga solo sabía hacer changua y huevos. Pero aprendí a hacer tacos, burritos, carnes, pizzas. Aprendí a hacer arroz rojo, que es un plato mexicano de arroz con tomate y cebollita. Ahora se lo enseñé a mi mamá”, expresa Reinaldo. También trabajó en una gasolinera vendiendo tacos y burritos.

Cuando decidieron optar por la salida voluntaria, Reinaldo entró a la página web de CBP, Customs and Border Patrol, e hizo el trámite. Después de llenar los datos de manera virtual le llegó el mensaje: Solicitud aceptada. Gracias por su intención de salir voluntariamente de los Estados Unidos. Luego un agente se comunicó para coordinar los vuelos. “Fueron muy amables”, anota Reinaldo. Le pidieron enviar fotos de la familia desde todos los aeropuertos, incluso desde Palonegro, para comprobar que habían salido de los Estados Unidos.

Ahora a Reinaldo Peña solo le falta hacer el trámite para recibir por Western Union los 1.000 dólares que el gobierno norteamericano ofrece a los inmigrantes que eligieron la salida voluntaria.

Publicado por: Alberto Donadío

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