Desde Bucaramanga, Gladys Ramírez impulsa proyectos de nutrición, formación y seguridad alimentaria que ya han beneficiado a más de 24.000 personas.

Publicado por: John Arias
Para Gladys Rocío Ramírez, servir a la comunidad significa poner el conocimiento y las capacidades al servicio de quienes más lo necesitan. Desde el Banco Arquidiocesano de Alimentos de Bucaramanga, ha convertido la gestión, la formación y el trabajo articulado en herramientas para enfrentar la inseguridad alimentaria en Santander.
Su historia está atravesada por una idea que aprendió desde casa: ser útil para los demás. Sus padres le enseñaron que tender la mano no debía significar simplemente entregar una ayuda. “Su enseñanza no se basó en el asistencialismo, sino en ofrecer un impulso transformador: entregar la posta para que cada persona avance y construya su propio camino”.
Esa enseñanza terminó convirtiéndose en una forma de entender su profesión y su liderazgo. Administradora de empresas, con dos maestrías, una en Administración, con énfasis en estrategia y política organizacional, y otra en Sociedad de la Información y el Conocimiento, ha desarrollado buena parte de su trayectoria en la gestión administrativa, el talento humano y la gestión del conocimiento.
Para Gladys Rocío Ramírez, el verdadero impacto de una organización social se mide no solo por lo que entrega, sino por las capacidades que ayuda a construir.
En ese camino ha participado en iniciativas como Proyecto Unidos, el Instituto de Familia y Vida de la Universidad Pontificia Bolivariana y, actualmente, la Coordinación Administrativa del Banco Arquidiocesano de Alimentos de Bucaramanga.
Allí encontró un escenario donde sus conocimientos podían ponerse al servicio de una de las necesidades más urgentes de las comunidades: la alimentación.
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Mucho más que entregar alimentos
Para Gladys, enfrentar el hambre implica mirar más allá de la entrega de un mercado. La seguridad alimentaria requiere formación, oportunidades y capacidades para que las comunidades puedan construir alternativas sostenibles.
Desde esta perspectiva, el trabajo del Banco de Alimentos ha buscado ampliar su impacto mediante procesos de emprendimiento, capacitación técnica en cultivos, nutrición y seguridad alimentaria.
Al 2025, estas iniciativas habían llegado a más de 24.000 personas en Bucaramanga, su área metropolitana y diferentes municipios de Santander.
Uno de los proyectos que refleja esta visión es el programa de desayunos saludables, mediante el cual 350 niños que antes iniciaban el día sin desayunar reciben actualmente una alimentación diaria compuesta por huevo, leche, cereal y fruta, complementada con arepa y queso.
Al respecto, Ramírez recalca que la nutrición, especialmente durante la primera infancia, puede marcar diferencias profundas en el desarrollo de una persona y en las posibilidades que tendrá para construir su futuro.
Por eso, ha orientado su trabajo hacia proyectos estratégicos que permitan mitigar los riesgos de la inseguridad alimentaria en las poblaciones más vulnerables.
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Una vocación que nació en casa
Su sensibilidad social tiene raíces familiares, pero también educativas. Durante su formación como docente en la Escuela Normal comprendió que “no se pueden transformar realidades desde el aula si no existe una comprensión profunda del contexto humano en el que habita cada estudiante para lograr que mañana sea un ciudadano útil en su comunidad”.
Esa mirada permanece en su manera de liderar. Para ella, cada profesión y cada rol dentro de la sociedad pueden convertirse en una oportunidad para aportar a los demás. “Estoy convencida de que, desde cada rol que desempeñemos en la sociedad, el poner nuestros dones al servicio de los demás es la clave para construir entre todos el presente de mañana. Este propósito guía mi trabajo y liderazgo en iniciativas de impacto, donde oriento la eficiencia operativa hacia el bienestar social”, resalta.
Así, la administración deja de ser únicamente una herramienta para alcanzar eficiencia y resultados. En sus manos se convierte también en una forma de organizar esfuerzos, movilizar recursos y fortalecer proyectos que buscan generar bienestar colectivo.Lea también: Diana Ríos: liderar para que otros encuentren su propio camino
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Liderar también es conectar
Su participación en Lideremos le permitió ampliar esa perspectiva al encontrarse con líderes de diferentes sectores y organizaciones de la región.
Uno de los aspectos que más destaca del programa es precisamente la posibilidad de construir una red multisectorial en la que empresarios, organizaciones sociales, instituciones públicas y otros actores puedan compartir conocimientos, identificar problemas comunes y encontrar soluciones desde diferentes disciplinas.
También resalta la formación recibida de conferencistas nacionales e internacionales, que le permitió fortalecer competencias relacionadas con liderazgo, comunicación estratégica y gestión de proyectos.
Para Gladys, esta articulación permite pasar de los esfuerzos individuales a las sinergias capaces de generar alianzas, captar recursos y aumentar la visibilidad y sostenibilidad de proyectos regionales.
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También resalta la formación recibida de conferencistas nacionales e internacionales, que le permitió fortalecer competencias relacionadas con liderazgo, comunicación estratégica y gestión de proyectos.
Pero el aprendizaje no se quedó en las aulas. Lideremos también se convirtió en una plataforma para contar qué hace el Banco de Alimentos y mostrar su capacidad de respuesta frente a situaciones que van más allá de su trabajo cotidiano.
La organización ha participado en acciones solidarias durante coyunturas de emergencia, entre ellas la atención a comunidades afectadas por terremotos como los ocurridos en Venezuela y Colombia, así como las contingencias provocadas por incendios forestales.
En esos momentos, el Banco demuestra que su labor no se limita a combatir el hambre en tiempos normales. También puede convertirse en un actor fundamental para responder cuando una emergencia altera las condiciones de vida de cientos o miles de familias.

Alimentar oportunidades
Para Gladys Rocío Ramírez, el verdadero impacto de una organización social se mide no solo por lo que entrega, sino por las capacidades que ayuda a construir.
Por eso, su liderazgo está enfocado en hacer que la gestión sea una herramienta para transformar vidas: organizar mejor los recursos, fortalecer alianzas, impulsar proyectos y acercar oportunidades a quienes enfrentan mayores dificultades.
Su experiencia demuestra que combatir la inseguridad alimentaria también significa trabajar por la dignidad, la educación y las posibilidades de futuro.
En el Banco de Alimentos, su propósito se resume en una tarea que empieza con algo tan esencial como un plato de comida, pero que aspira a llegar mucho más lejos: que cada niño, familia y comunidad pueda contar con las condiciones necesarias para avanzar por sus propios medios.
Para Gladys, liderar significa poner el conocimiento, las capacidades y las alianzas al servicio de una sociedad que necesita oportunidades para construir un futuro más sostenible.
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