David Guillermo Puyana Silva, empresario, investigador y autor bumangués, falleció este jueves 20 de agosto. Trabajó en la Nacional de Cigarrillos y Forjas de Colombia y escribió Empresas y emprendedores, obra que documentó la trayectoria de 93 compañías que marcaron el desarrollo de Bucaramanga.

Publicado por: Redacción Economía
David Guillermo Puyana Silva, empresario, investigador, docente y autor santandereano, falleció este jueves, 20 de agosto.
Puyana Silva fue testigo directo de una época de auge y posterior declive de la industria regional. Trabajó en la fábrica de la Nacional de Cigarrillos, empresa santandereana que logró disputarle parte del mercado a la Colombiana de Tabaco y posteriormente fue llamado por el empresario Pedro María Buitrago para vincularse a Forjas de Colombia durante los primeros años de esa compañía.
Desde su escritorio en Forjas conoció los estudios de factibilidad, las dificultades para conseguir capital y el proceso mediante el cual Buitrago convenció a entidades nacionales e internacionales de invertir en una industria metalmecánica que llegó a emplear a más de 500 trabajadores.
También conoció otras empresas desde sus juntas directivas o por medio de relaciones laborales. Esa experiencia le permitió contar la historia industrial de Bucaramanga no solo a partir de documentos, sino desde los recuerdos de alguien que estuvo presente cuando varias de esas compañías nacieron, crecieron o desaparecieron.
En octubre de 2024, durante la presentación de su libro Empresas y emprendedores en la Casa del Libro Total, fue presentado como un bumangués de 87 años y titular de un Executive MBA en Liderazgo Estratégico. Para entonces Para entonces conservaba intacta su preocupación por el futuro económico de Santander y por la pérdida de la memoria de sus empresas.
Una pregunta que lo llevó a escribir
El impulso para emprender esa investigación surgió cuando Puyana Silva escuchó a un padre preguntarle a su hijo, profesional y dueño de una empresa, qué era un caney. El joven no supo responder.
A partir de ese momento comenzó a preguntarse cuánto conocían las nuevas generaciones sobre el pasado productivo de la región y cuánto de ese conocimiento desaparecería con quienes habían vivido aquella época.
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“Cuando nos hayamos ido a ese viaje sin retorno, vamos a dejar a una juventud y a unos profesionales ignorantes de lo que fuimos”, dijo durante la presentación de su libro.
Fue entonces cuando decidió escribir sus propias vivencias y reunir la historia de las empresas de las que había sido empleado, directivo o testigo. Su propósito, explicó, era que las generaciones futuras supieran cómo se había formado una compañía, quiénes habían estado detrás de ella y por qué, en algunos casos, había desaparecido.
Según una encuesta breve realizada por el propio autor, cerca del 35 % de las empresas fundadas durante el periodo estudiado habían dejado de existir. Para Puyana Silva, esta pérdida empresarial también significaba la desaparición de conocimientos, oficios, archivos y recuerdos asociados con la vida de Bucaramanga.
Las empresas que hicieron ciudad
Empresas y emprendedores reconstruye las historias de 93 micro, pequeñas y medianas empresas creadas en Bucaramanga durante los siglos XIX y XX. Su primer capítulo está dedicado a 33 empresas inactivas y el segundo a 60 compañías que continuaban funcionando cuando se realizó la investigación.
La obra contiene, además, un capítulo sobre emprendimiento femenino y una galería de los hombres y mujeres que estuvieron detrás de las compañías. Puyana Silva consideraba que el aporte de las mujeres había sido ignorado en la historia económica de Santander y decidió iniciar ese apartado con Manuela Beltrán, a quien interpretó como una precursora por haber emprendido la insurrección comunera.
En sus páginas aparecen nombres como los de Pedro María Buitrago, fundador de la Nacional de Cigarrillos y promotor de Forjas de Colombia; Alejandro Galvis Galvis, fundador de Vanguardia y David Puyana Figueroa, reconocido comerciante, exportador y hacendado del siglo XIX, de quien David Guillermo era bisnieto.
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Puyana Silva también recuperó historias como la de Miguel Ordóñez, fundador de Galletas La Aurora, cuyos productos se convirtieron durante años en una tradición de las celebraciones navideñas de los bumangueses. Él conoció de cerca aquella empresa porque compartió residencia en Bogotá con uno de los hijos de Ordóñez y recordaba los paquetes de galletas que recibían semanalmente.
Su investigación no se limitó a lamentar el cierre de las antiguas fábricas. También examinó la transformación de Bucaramanga hacia actividades relacionadas con la educación, la salud, los servicios y la tecnología. Veía en la formación de programadores y en la vinculación entre universidades y empresas una posibilidad para enfrentar el rezago económico de la región.
Entre la academia y la empresa
Además de su experiencia empresarial, Puyana Silva fue jefe del Departamento de Investigaciones de la Escuela de Negocios y Ciencias Empresariales de la Universidad Sergio Arboleda y dirigió el Grupo de Investigación y Desarrollo de Mipymes.
Sus trabajos académicos estuvieron centrados en la financiación, productividad, competitividad e internacionalización de las pequeñas y medianas empresas. Entre sus publicaciones se encuentran Las mipymes colombianas y el mercado internacional, escrito con Gladys Matallana Vergara en 2002; Avance de la investigación: la pyme y su situación en Colombia, de 2004, y Expansión e internacionalización de las pymes agroindustriales colombianas, publicado en 2005 por la revista Civilizar.
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En esos estudios defendió la necesidad de fortalecer las mipymes mediante el acceso al crédito, la formación administrativa, la innovación, la asociatividad y la conquista de mercados internacionales. Consideraba que estas empresas podían convertirse en uno de los principales motores para generar empleo y reactivar la economía del país.
Junto a Empresas y emprendedores, Puyana Silva impulsó una publicación sobre la leyenda de David Puyana Figueroa y la llamada “Casa del Diablo”, ilustrada por su primo, el arquitecto José Gabriel Puyana. El proyecto buscaba separar los hechos históricos de las versiones fantásticas que durante generaciones rodearon la antigua hacienda de Cabecera del Llano.
Sin embargo, David Guillermo Puyana Silva tenía un proyecto más amplio todavía pendiente. Aspiraba a escribir una historia que cubriera el periodo comprendido entre la llegada de Ambrosio Alfinger al territorio santandereano, en el siglo XVI, y el comienzo de la industrialización regional hacia 1850.
Decía que ese vacío era una deuda con Bucaramanga y con las nuevas generaciones. No quería monopolizar la memoria, sino provocar a otras personas para que aportaran documentos, fotografías y relatos sobre las empresas desaparecidas.
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“Por lo menos, que sepan que alguien les contó cómo se formó una empresa o cómo se perdió una empresa cuando ya no existe”, expresó en aquella presentación.
Su muerte deja inconclusa parte de esa tarea, pero también un archivo desde el cual será posible seguir reconstruyendo la historia de las fábricas, los talleres, los comerciantes y los pequeños negocios que ayudaron a convertir a Bucaramanga en una ciudad empresarial.















