El fútbol y el asado corren por sus venas. Hincha furibundo del Atlético Bucaramanga, Di Marco no se quiere ir de Santander. Como pocos, reconoce el valor de su tierra en la que forjó un legado empresarial.

Publicado por: Redacción L R
Carlos Di Marco Morales no se quiere ir de Santander. Aunque nació en Buenos Aires, Argentina en 1954, desde que sus padres regresaron a Bucaramanga, a principios de los años 60, no puede pasar más de dos semanas por fuera de la ciudad. Algo le falta.
Llegó a los 5 años desde Argentina, luego de que sus padres retornaran a la capital santandereana para quedarse definitivamente.
Hijo del futbolista Raúl Di Marco y de Nena Morales Ballesteros, Carlos es el propietario del restaurante Di Marco. Siguió la tradición empresarial que comenzó su padre, quien vistió los colores del Atlético Bucaramanga. Por dos décadas, Carlos trabajó incansablemente para quedarse al frente de este lugar. Puede interesarle:El coraje de ser santandereano: Álvaro Beltrán Pinzón


En los últimos 40 años ha llevado el negocio familiar a otro nivel. Es un personaje icónico de Bucaramanga que conserva la calma al hablar. Creció en una ciudad tranquila en la que apenas despuntaban las urbanizaciones y no existían ni el aeropuerto Palonegro ni el Viaducto García Cadena.
El forro amarillo de su teléfono lo delata: Carlos es hincha única y exclusivamente del Atlético Bucaramanga. Para él no existen ni Barcelona, ni Real Madrid, tampoco Boca Juniors ni River Plate. Su equipo es uno, el Leopardo.
A sus 71 años, Carlos se sabe de memoria las principales alineaciones de su equipo.

Padre e hijo
A la derecha de la entrada del restaurante hay un cuadro que encierra la esencia del lugar.
Es una pintura de su padre Raúl Di Marco, inspirada en una fotografía en la que bordeaba los 40 años. En una mano sostiene un vaso. Fue un encargo de Carlos para tener la esencia de Raúl. Lea también:La fortuna de crear un hogar: Gerardo Dávila, visionario del sector inmobiliario de Bucaramanga
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Carlos recuerda a su padre como un hombre comprometido con su familia y negocio. A la luz de hoy no sabe cómo lo hacía para cubrir tantas obligaciones.
Algo cambia en su semblante cuando se refiere a su padre: aparece la nostalgia de los buenos tiempos compartidos.
“Era increíblemente honrado, serio. Quería muchísimo a sus hijos”, recuerda sobre su padre.

La relación entre los dos se estrechó en la cotidianidad del restaurante. De Raúl aprendió la parte “no escrita” del manejo de este negocio.
Lecciones de su padre le quedaron muchas. Aprendió el valor de un hogar y que no hay nada más maravilloso que tener un buen hijo. Carlos, para su fortuna, tiene tres hijas a las que halaga siempre: María Carolina, Camila y Valentina.
Compartir en familia a la hora del almuerzo era un mandato. Raúl, Nena y los seis hijos se sentaban a disfrutar de esos minutos en los que el tiempo se detenía, mientras disfrutaban de la carne asada. “Él anteponía a la familia para todo”, sintetiza. Puede interesarle: Óscar Pinzón: un visionario tras bambalinas
Carlos no se olvida de su madre. A ella no solo le debe su formación, también hay aportes cruciales para el negocio como las salsas, la preparación de las milanesas, las ensaladas, entre otros.
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El deporte siempre
Estudió en el Colegio Divino Niño y luego pasó al San Pedro. Allí vivió una de sus etapas más felices: jugó baloncesto, integró todas las selecciones del departamento en las diferentes categorías infantil, juvenil, mayores. Fue campeón nacional juvenil en el 1971.
Aunque el fútbol y el baloncesto son sus principales pasiones, su deporte favorito es el golf: nada se compara con la calma que le transmite estar recorriendo extensos campos en el silencio.
De su experiencia como periodista deportivo recuerda aquella vez en la que se coló sin acreditación para comentar un partido de la selección Colombia en el Mundial de Estados Unidos 1994.
En aquella derrota contra el anfitrión, Carlos llegó con boleta en mano. Le faltaba la acreditación de prensa para acceder a la transmisión.
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Como pudo, convenció al ‘gringo’ de seguridad que lo dejará pasar. Venía desde Colombia por cuenta propia y el narrador Juan Manuel González lo esperaba para el relato de ese encuentro. La tricolor partía como favorita y el desenlace de esa fase de grupos fue fatal para el país. Puede interesarle: El pulso de la experiencia: la historia de Pastor Julio Delgado Hernández, un visionario del comercio
Siguió al Leopardo fielmente cuando jugó en la segunda división. Conoció los estadios de Valledupar, Tuluá, Zipaquirá, entre otros.

El 15 de junio de 2024, Carlos vivió uno de los mejores momentos con el título de su equipo del alma. Creía que ya no lo iba a ver campeón. Aunque no lloró, Carlos estaba emocionado. Celebró en el restaurante con más de 80 hinchas que vestían de amarillo y verde.
A los pocos días de estar fuera de la ciudad, Di Marco se siente fuera de sí. Nada se compara con Bucaramanga, el lugar que lo ha visto crecer por años.
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“Estoy 15 días por fuera de Bucaramanga y ya no aguanto más, me tengo que devolver”, remata.
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Para tener éxito en la vida hay que prepararse, uno no triunfa porque sí

Los consejos de un Visionario
1. “No pongan un restaurante”: a este empresario la competencia le gusta, aunque aclara que un restaurante ”se lleva por delante todas las actividades” de la vida.
2. “Hágase hincha del Bucaramanga”: la pertenencia con la ciudad y Santander son fundamentales para este empresario.
3. “Tengan hijos”: Proyéctense al futuro con los hijos. Para Carlos no hay nada más satisfactorio que tener un buen hijo.
4. Hay que prepararse: “Si usted se prepara tiene posibilidades de éxito. Lo más seguro es que lo tenga”. Para este visionario es importante estudiar y aprender inglés.













