Cultura
Sábado 03 de noviembre de 2012 - 12:00 AM

Una vida de arte y sana paz

La Casa del Libro Total ofrece la exposición de Antonio Frío, un santandereano que ha dedicado cuarenta años a la pintura y toda su vida a las artes, incluida la música. Vanguardia Liberal presenta un perfil de este artista, cuya obra estará abierta al público durante el mes de noviembre.

Una vida de arte y sana paz
Una vida de arte y sana paz

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Publicado por: Puno Ardila Amaya

“Antonio Frío era un joven con una guitarra. Cantaba sus propios aires con un dejo de tristeza por la miseria del mundo. Pero poner el dedo donde transcurre la injusticia es correr el riesgo de que se lo corten. Al mismo tiempo manejaba el pincel con esa naturalidad propia de los naturalistas. Elaboraba retratos impecables […] La radio transmitía sus canciones, pero los escuchas eran punto menos que sordos a sus mensajes. Entonces se dedicó a hacer unos Bolívares gracias a los cuales logró la independencia económica. Hoy en día es un pintor en Mercedes Benz”. Así presenta Jota Mario Arbelález a Antonio Frío, un bumangués que, en contra de la voluntad de sus tutores, dedicó su vida al arte, desde la pintura, la escultura y la música.
Huérfano de padre desde temprana edad, su tutoría correspondió a la formación rígida de sus abuelos, aunque las tardes sabatinas se convertían en sesiones de vino y música, debajo del viñedo de la casa, guiado por la virtud de su abuelo, que tocaba los instrumentos del trío andino, bandola, tiple y guitarra, enfrentado por los reproches de su abuela, Librada: “¿Está pensando que aprendiendo a tocar un instrumento va a ser alguien en la vida?; si lo que está haciendo es curso de borracho…”. Y sí, vino la bohemia con la música, en compañía de Orlando Serrano y Jairo Arenas, y se generó con los Navas una relación de “buena leche”, porque ellos produción dulces, y eran los Frías quienes les vendían la leche; de modo que su abuela les mandaba quesos y doña Zenobia de Navas les mandaba dulces. Estudió su primer año con Álvaro Navas en el Divino Niño, luego con José María, “y después me eché a la perdición con Pablus”, afirma sonriente.

El tema de Bolívar
A final de los años setenta, el Congreso de la República le encargó un Bolívar, con destino a la embajada de Colombia en Alemania. Antonio Frías tenía conocimiento de Bolívar, pero muy superficial, y en vez de copiarlo de una cartilla escolar, se puso a investigar sobre él, y encontró un filón cultural muy especial, de donde resultaron diferentes posturas de El Libertador, y encontró que Bolívar merecía una iconografía especial. “He investigado durante cerca de cuarenta años, auxiliado por la documentación escrita, sobre su misma fisonomía, que da descripciones certeras para dibujarlo sin pierde, distante del estibador de puerto que acabaron de publicar, porque, en realidad, Bolívar era un hombre de maneras muy finas, aunque mostraba características de su región. El trabajo alrededor de El Libertador le ha valido la cercanía con el presidente Chávez y el aprecio del Ejército de Venezuela, que lo honró con el obsequio de una bayoneta encontrada en campo Carabobo, “que tal vez devuelva, cuando se consolide la Gan Colombia”, dice entre risas.

El proceso de formación
La historia artística surgió cuando su tío, Lázaro Galvis, entonces prensista de El Frente, le llegaba con las bobinas de papel y él se ponía a pintar en ellas, y entonces también aparecía su abuela, Librada: “Carambas, ¿cree que haciendo mamarrachos se va a ganar la vida?”. Ella definitivamente no quería ni música ni pintura; los abuelos querían que fuera médico, y hubo el intento en la UIS, como lo hubo con Ingeniería Mecánica, pero las dos carreras se quedaron en la alborada. Después lo llevaron muy a regañadientes al taller del maestro Segundo Agelvis en el parque García Rovira, y allí aprendió los primeros elementos del óleo, y allí pudieron descubrir, a los siete años de edad, su capacidad de hacer un retrato, y fue su fortaleza durante su formación académica normal, porque sus cuadernos destacaban por los dibujos, y él era buscado por los profesores para que los apoyara en el tablero. En el Tecnológico Santandereano tuvo la ventaja de recibir siete años de formación de dibujo técnico, y con la barra de jabón tenía que hacer a escala una máquina, de modo que le pusieron servido entonces el tema de la escultura.

“Aunque sus cinco hijos salieron artistas, y sus nietos pintan y cantan, él les dice que con un loco en la casa es suficiente”


“Su técnica, lápiz disuelto con trementina en papel canson, resultó porque un día Saturnino Ramírez le cambió sin querer un algodón seco por uno impregnado con trementina”

El mensaje de las canciones
Entró a trabajar en el centro de cómputo con Álvaro Navas, y después de hacer su trabajo, le quedaba tiempo de escribir canciones. Salió resortado con Pablus a recorrer el mundo de la canción protesta, y su obra ‘Pistolero siglo XX’ ocupó los primeros lugares en Venezuela, Chile y Colombia, hasta que la Embajada de Estados Unidos manifestó su rechazo por la canción, porque “atentaba contra las buenas relaciones de Colombia y Estados Unidos”, y mandaron a recoger o a rayar el tema en todas las emisoras, durante el gobierno de Julio César Turbay Ayala. De todos modos, con Pablus Gallinazo, Antonio Frías recorrió el país cantando sus canciones de protesta, y hasta el Amazonas fueron con su música, mientras que simultáneamente trabajaban en publicidad, tema en que se movía con facilidad porque sumaba a la creatividad la velocidad para el dibujo, en una época en que no había el respaldo de un computador. Ganaron entonces tres premios India Catalina por comerciales para Kumis Alpina, Suramericana y Celanese, pero, de un momento a otro, le entró el tema de la moral y la conciencia, “esa vaina nadaísta que no puede evitarse”, y se sintió incoherente por la dualidad de sus mensajes, desde sus canciones y desde los comerciales publicitarios, de modo que no se sentía bien; pensaba que se estaba comiendo algo robado. Entonces vio que debía decidirse, y ganó el pintor.

Un estilo muy particular
Su técnica, lápiz disuelto con trementina en papel canson, resultó porque un día estaba pintando en color cepia con un lápiz Prismacolor, y Saturnino Ramírez le cambió sin querer un algodón que utilizaba para difuminar el dibujo, y en vez de uno seco, se lo dejó impregnado con trementina, y cuando creía que había dañado el dibujo, descubrió la que sería su técnica en adelante. Desde entonces, sus trabajos presentan esta técnica, que ha venido depurando con el paso de los años. Al maestro Jorge Riveros, hoy su compadre, “a mucho honor”, le debe la disciplina que mantiene todavía, y le debe que lo descubrió y le enseñó los secretos de la pintura, desde montar un lienzo hasta preparar los colores a partir de la alquimia pura, además de permitirle conocer a los grandes pintores.

Publicado por: Puno Ardila Amaya

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