Cultura
Viernes 07 de octubre de 2022 - 02:40 PM

Esteban Cruz Niño: “la brujería está en toda la sociedad”

A propósito del “mes de las brujas”, Esteban Cruz Niño habla sobre “El libro negro de la brujería en Colombia” y cómo los poderosos del país han hecho uso de estas “artes mágicas”.

Esteban Cruz Niño. Foto tomada de Internet/VANGUARDIA
Esteban Cruz Niño. Foto tomada de Internet/VANGUARDIA

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Germán Castro Caicedo odiaba hablar de su famosa novela La Bruja. Solía decirle a Esteban Cruz Niño, con quien forjó una amistad y con su fuerte temperamento, que no quería hablar de esa obra porque había sido banalizada en la televisión y, según su criterio, este tema requería un abordaje más profundo.

Políticos, narcotraficantes, actores, actrices y todo tipo de personas poderosas y sin poder alguno acuden a los brujos cuando tienen que dar una explicación a un fenómeno que azota sus vidas y que no pueden comprender.

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“La Bruja es una historia que yo publiqué para mostrar la importancia de la brujería en Colombia, que la brujería está en toda la sociedad, en entre los más ricos y los más pobres, pero lo cogieron como si fuera una novela, algo de diversión y a mí me parece que debería ser más profundo. Yo por eso no vuelvo a hablar ni de la bruja, ni quiero escribir nada sobre brujería. Si quiere escribir sobre brujería escriba usted”, solía decirle Germán Castro Caicedo a Esteban Cruz Niño. Y eso fue lo que hizo: el reconocido antropólogo e historiador publicó “El libro negro de la brujería en Colombia y la recomendación de Castro Caicedo, dice, fue la base para ponerse a investigar sobre estas creencias que no escapan ni a pobres, ni a ricos en el país.

También agradece a Mario Mendoza, quien le contó al escritor la historia de un ministro al que encontraron en plena sesión de brujería tras encontrar a su avioneta estrellada.

Vanguardia habló con Esteban Cruz Niño sobre su libro aprovechando este mes considerado como “el de las brujas”.

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¿Cómo hizo para adentrarse en estos temas?

“Estos temas de brujería están en toda la sociedad, como decía Germán (Castro Caicedo). Puedes encontrar gente de todos los estratos: no hay familia en Colombia donde no haya una historia de brujería en la familia. Que al tío le hicieron un amarre, que al otro lo arruinaron, que la tía la secaron con tierra de cementerio.

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Es algo latente, pero que no se habla. Es un tabú, pero se habla en las familias, entre amigos. Es un tema que sigue siendo visto como algo que no hace parte de lo que somos, de lo que se debería hablar, pero hace parte de lo que es ser colombiano y de lo que es ser humano: la creencia en la magia.

Es como el sexo: si tú colocas pornografía la gente se queda mirando por el morbo. Igual: tú hablas de brujería y la gente, por el morbo, quiere verlo, porque son temas tabú o la desnudez, el sexo o la violencia muy fuerte. Todo el mundo dice: que porquería, pero vas a ver la película de terror.

Hablar con los brujos es algo muy morboso, en parte. Hablar con un brujo es algo fuerte en el sentido en que te está contando cosas que son estafas, porque la mayoría son estafadores, pero cuando hablas con ellos también cuentan como el alma de lo que pensamos es la magia y la humanidad piensa siempre en la magia”.

¿Cuáles serían esas características de la brujería en Colombia?

“En Colombia la brujería se ha mezclado con el poder. Muchos políticos utilizan la brujería como una forma de extender su poder. El libro tiene una entrevista con Ernesto Samper, que fue presidente de Colombia.

Me encerré en su oficina, en el centro de Bogotá, a que me contara cómo le habían hecho brujería en el palacio presidencial, como su esposa Jackie contrató a una vidente con el capellán del palacio, un monseñor, los hermanos del presidente, ministros y embajadores hicieron un ritual en un río, entre las montañas de Bogotá.

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Esto nos muestra lo que tú me preguntas: que hay algo entre los políticos, que un presidente colombiano le pague a alguien y haga rituales... Cuenta, por ejemplo, que la mamá le dio un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús para que le protegiera en el despacho presidencial y él dice que el cuadro se veía ladeado. Cuando lo voltearon había una especie de murciélago disecado como si fuera un Jesucristo.

También hay otros capítulos en el libro en que se habla de los rezados. Durante nuestro conflicto armado muchos paramilitares, militares, guerrilleros, todos, han usado la magia. Y no lo digo yo. Justicia y Paz, que fue el proceso desmovilización, de justicia y reparación de las AUC, se publicó una sentencia diciendo usaron la brujería y hay testimonios de un paramilitar que mandaba a decapitar a los heridos porque no se morían. No sé si sea verdad, pero está en un documento judicial colombiano”.

¿Cómo ha sido la recepción del libro?

“Despierta muchas pasiones. La gente dice: vamos a hablar de esto, la gente elegante, distinguida no hacemos estas cosas, cuéntanos un poco.

Escribí un libro que se llama Expedientes X Colombia, que le fue muy bien, y escribo un libro sobre asesinos en serie y siempre he esperado que alguien critique y diga: por qué escribe esto. Nunca me ha pasado. Siempre he esperado que un pastor, un monseñor, alguien me diga por qué escriben estas porquerías.

Pero no pasa.

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Hace poco fui a un departamento y me recibió el gobernador y me dijo: a mí también me hicieron brujería. En una entrevista con la emisora de la Universidad Javeriana, en Javeriana Estéreo, decía: estoy sentado en la emisora de los jesuitas hablando de brujería y están felices.

Lo que genera es morbo, pero no rechazo. A la brujería ya la toleramos, porque está en nuestras familias, creencias. Hablan los curas en las iglesias, la usan los ministros. En mi libro hablo de muchos políticos, senadores, actores. Ninguno se ha quejado”.

¿Ninguno se ha arrepentido?

“A mí me parece sorprendente. Eso muestra un poco lo que somos como colombianos. Si tú te sientas a hablar con un político de corrupción va a decir: nunca he hecho nada, pero te pueden hablar de brujería.

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En el Senado de la República hay un pasillo al que le llaman ‘el pasillo del terror’, porque decían que ahí hacían brujería. En ese pasillo escuchaban la pelota de un niño que saltaba, que veía un espíritu que se metía a en el espíritu de una mujer rubia que se metía un ascensor viejo y un presidente del Senado, José David Name Terán, dice que a él lo atacaron con esa brujería”.

¿Y usted cree en la brujería?

“No creo en la brujería. No creo que exista algo mágico. El pensamiento mágico está en la Biblia, en el Corán, en todo, pero a las personas que creen las respeto mucho. Lo que ellos me cuentan se los creo.

Soy antropólogo e historiador y lo que digo es no hay ninguna prueba física de que una maldición mate a alguien, pero como antropólogo, sí cambia la vida de las personas.

Si tú crees en la brujería y sientes que te hicieron brujería, tu vida va a cambiar. Es un cambio real. Cuando tú lo crees te va a cambiar la vida y cuando hablas con un brujo dice que el que no cree está protegido”.

¿No se ha sentido alguna vez sujeto de alguna cosa extraña?

“Trabajando en radio, en el Cartel de la Mega o en Blu Radio, cogía el micrófono y me ponía a decir, y todavía lo digo a veces: háganme brujería. De lo digo a los brujos: si son tan poderosos, en una semana estoy con moscas en la boca, se me cae el pelo y me hace un favor si me adelgazan, digo listo, existe.

Pero hasta el día de hoy no me ha pasado.

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En uno de los capítulos hablo con Naren Daryanani. Regresó a Colombia hace poco desde México y dice que tuvo una época muy fuerte, que él explica como si hubiese sido atacado por brujería y lo explica así: jugando fútbol se le explotó un testículo frente a todo el mundo, lo llevaron a una clínica y cuando le hacían pruebas el médico le decía que era sida. Después, que era cáncer y después, que era cáncer con sida. Después le dijeron que ya no tenía nada. Le salía mal todo y al final no tenía nada, pero él seguía enfermo.

Me contó que una amiga, Tania Robledo, que es actriz también, se enteró e hicieron una sesión con unas mujeres que siguen a la Virgen de Guadalupe. En una sesión por videollamada una de las devotas de la Virgen le dice: no podemos hacer nada, usted tiene el demonio en un hombro. Él cree y yo le creo a él.

Si tú crees en algo te cambia la vida, entonces en ese sentido, funciona.

Entonces es un fraude...

Los brujos viven de eso y no tienen RUT, no pagan retención en la fuente... Si hace una reforma tributaria a los brujos, Colombia ganaría en impuestos, pero es que ni siquiera existe como profesión para el Estado. Eso sí, en cada pueblo hay un brujo”.

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