Espiritualidad
Jueves 07 de febrero de 2013 - 12:00 AM

La fortaleza del bambú

El bambú se prepara para triunfar y en su camino hacia lo más alto se vuelve poderoso. Si la desgracia cae sobre él y alguien lo corta de manera indiscriminada, este árbol renace y llega de nuevo a la cumbre; incluso 'empezando de cero'. Nos convendría prepararnos para ser tan fuertes como esta milenaria caña.

La fortaleza del bambú
La fortaleza del bambú

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Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA

El bambú no es una especie cualquiera, se trata de una caña larga y estilizada que crece en zonas húmedas y calurosas.
Algunos lo ven como un singular talismán; sin embargo sus poderes no están centrados en los llamados dones sobrenaturales.
Y aunque la idea de atraer la energía positiva no es del todo desacertada, en esta nueva edición de la Página Espiritualidad queremos atribuirle al bambú algo más que un asunto de buena suerte. Él es, más bien, un reflejo de muchas cosas: fortaleza, vitalidad, paciencia, constancia, perseverancia y, sobre todo, grandeza.
Además, es una valiosa planta que nos enseña a esperar el tiempo preciso. De hecho, si usted toma una semilla de bambú y la siembra en el jardín de su casa tiene que armarse de paciencia para no llevarse una gran decepción.
La razón: por más que la riegue durante meses e incluso durante los primeros años, no conseguirá que brote ni el más pequeño tallo.
¡En efecto!
Entre las características del bambú está el hecho de que su semilla demora hasta más de 7 años para germinar.
En nuestra vida diaria, nos ocurre lo del bambú. Requerimos del tiempo suficiente para acceder a nuestros propósitos. ¡Claro! No tenemos la paciencia del bambú para crecer. Cuando algo no nos sale bien les echamos la culpa a todos.
Deberíamos tener presente que todo sucede en el tiempo de Dios, al igual que ocurre con el bambú.
Lo más sorprendente de esta exótica caña es que, cuando ya está preparada, su tallo alcanza hasta tres metros en un solo mes. Es decir, una vez está listo, su crecimiento es vertiginoso.
Y es que durante todo el tiempo que espera para verlo florecer, él se la pasa trabajando por su propia cuenta. En la franja de años transcurridos entre la siembra y el nacimiento del brote, la semilla del bambú echa raíces.
El bambú primero prepara sus bases para lo que será su sólido futuro y asegura la firmeza que tendrá durante la madurez. Sus raíces son tan fuertes, que ellas frenan la erosión que carcome a la tierra, pues no permiten que épocas de lluvia el piso se desmorone.
¿Nos preparamos tal como lo hace el bambú para afrontar la vida?
Muchos no sabemos cimentar las bases de lo que será nuestro futuro.
Queremos frutos sin el menor esfuerzo. Luego, por los afanes, sentimos que no avanzamos. A todos nos corresponde vivir nuestro propio proceso de aprendizaje.
Algunos alumnos no quieren dedicar tiempo a su formación académica; dicen que no desean ‘perder el tiempo’ con esas cosas, pues quieren resultados inmediatos. Después, en su quehacer profesional, a la menor adversidad fracasan y ‘mueren’, no solo en sus vidas laborales sino emocionalmente.
¡Sigamos con la metáfora!
Justo cuando crece, el bambú es capaz de resistirlo todo. Si hay vientos fuertes, esta caña los enfrenta. Si bien es cierto que se puede doblar con un vendaval, jamás se quiebra.
¿Cómo nos comportamos ante las borrascas de la vida?
Tenemos bases tan poco sólidas que, ante la menor brisa, los problemas nos mueven el piso y carcomen nuestro estado de ánimo.
A veces los resultados frustrantes nos golpean tan fuerte, que nos resquebrajamos y bajamos la guardia. No sabemos asimilar esas experiencias ni mucho menos las aprovechamos para superarnos.
El bambú también es un gran transmisor espiritual. Los peculiares sonidos que producen sus tallos al ser soplados se convierten en vibraciones que elevan el alma, al punto que pueden conseguir curar y aliviar dolencias con sus vibraciones y canalizar o revitalizar la energía.
¿Qué tanta música les componemos a nuestras almas?
Les damos cabida a nuestros corazones a los rencores, a los odios y a las tristezas. Con ellos, antes que transmitir un mensaje espiritual, lo que hacemos es ensuciarnos cada día.
El bambú es sabio y nos enseña la importancia de estar preparado para lo que vendrá; sea “bueno” o sea “malo”.
Es importante trabajar para crecer porque solo así seremos capaces de alcanzar el éxito y ser como el bambú: el mayor ser de crecimiento espiritual y vital que existe en todo el universo.
Recuerde: ser el número uno no es fácil, se debe trabajar mucho para ello, tanto o más como el bambú. Esa caña lo consigue todo gracias a que  profundiza sus raíces durante 7 años.
La verdad es que existen mil aspectos del bambú que deberíamos imitar, entre otras cosas, para lograr cosas extraordinarias y para que la semilla de la madurez germine en nuestra vida.

Alcance el éxito
¿Cuándo crece usted?
Cuando descubre que defiende mentiras, que se engaña a usted mismo y que, con relativa frecuencia, sufre por tonterías.
Si llega a tener conciencia de ello, no se culpe por esas cosas; pero tampoco deje que esos errores se repitan.
El fracaso no lo sobrecogerá si su determinación por alcanzar el éxito es poderosa y persistente.
¿Qué tanto poder tiene?

PARA TENER PRESENTE
La caña del bambú es tan resistente que algunos la utilizan para elaborar puentes. Sería bueno que nuestra fortaleza emocional alcanzara esa misma resistencia: debe ser lo suficientemente sólida como para poder atravesar y enfrentar a las aguas turbulentas. Si somos débiles o no nos preparamos para los grandes retos de nuestra vida, acabaremos pagando muy caro por nuestros errores.
Hagamos como el bambú que, después de sembrar sus bases, se convierte en una caña poderosa, de más treinta y dos metros, a la que se puede cortar una y otra vez y al final siempre sigue en lo más alto.
Si las desgracias nos azotan, seamos fuertes para seguir creciendo a pesar de ellas.
Sepamos reforzar las raíces, no solo de nuestros proyectos, sino también de nuestros principios, habilidades y pensamientos.

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA

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