Investigadores encontraron en Indonesia evidencias que sugieren que los seres humanos consumían nuez de betel hace entre 25.000 y 16.000 años, miles de años antes de los registros conocidos sobre el uso de sustancias psicoactivas.

Publicado por: Redacción Ciencia
Un equipo internacional encabezado por investigadores de la Universidad de Griffith, en Australia, analizó los restos de dos cazadores-recolectores encontrados en la isla indonesia de Célebes.
Los restos proceden de yacimientos correspondientes al Pleistoceno tardío y al Holoceno medio. El individuo más antiguo vivió hace entre 25.000 y 16.000 años, mientras que el segundo fue datado entre 7.600 y 6.300 años antes del presente.
El estudio, publicado en la revista Science Advances, plantea que estos hallazgos podrían constituir la evidencia más antigua conocida del consumo de una sustancia psicoactiva por parte de los seres humanos.

¿Qué es la nuez de betel?
La nuez de betel procede de la palma de areca y es una de las sustancias de origen vegetal con efectos psicoactivos más consumidas tradicionalmente en Asia y el Pacífico Sur.
Suele utilizarse dentro de una preparación conocida como betel quid, que combina la semilla con cal apagada y otros ingredientes. Al masticarla, puede generar una sensación leve de euforia y aumentar el estado de alerta. Lea: Café todos los días: científicos descubren cómo se relaciona con la grasa y la masa muscular
Aunque su consumo es poco conocido en Occidente, investigadores señalan que se encuentra entre las sustancias psicoactivas más utilizadas en el mundo.

Una sustancia con efectos sobre el cerebro
Uno de sus principales componentes activos es la arecolina, un compuesto neuroactivo que puede modificar la actividad del sistema nervioso.
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Los científicos realizaron experimentos para determinar si los antiguos habitantes de Célebes pudieron obtener efectos psicoactivos simplemente al chupar las nueces enteras. Otras noticias: Sprints de 30 segundos generarían más cambios moleculares que 90 minutos de ejercicio moderado
Para ello, sumergieron nueces de betel en saliva artificial y analizaron las sustancias liberadas mediante modelos experimentales que incluían receptores humanos clonados.
Los resultados indicaron que chupar una nuez intacta puede liberar cantidades suficientes de arecolina para producir un efecto fisiológico capaz de alterar la función cerebral.

Los dientes dieron una pista clave de consumo de drogas en la antigüedad
Una de las principales evidencias apareció en los dientes de los dos individuos estudiados.
Los investigadores encontraron surcos profundos y redondeados, un patrón de desgaste inusual que no coincidía con los efectos conocidos del consumo tradicional de betel. Lea aquí: Descubren tres reptiles marinos del periodo cretácico en Santander, Cundinamarca y Boyacá
A partir de estas marcas, plantearon que los individuos podrían haber chupado de manera repetida un objeto duro y redondo, como una nuez de betel entera.
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Posteriormente, el análisis dental permitió identificar rastros de sustancias características de esta planta, incluida la arecolina.
Estos resultados proporcionaron evidencias que respaldan la hipótesis de que ambos individuos habían consumido nueces de betel.

El consumo pudo estar relacionado con el dolor de muelas
El estudio plantea además una posible explicación sobre por qué los antiguos cazadores-recolectores habrían desarrollado este hábito.
Los investigadores observaron que ambos individuos presentaban problemas importantes de salud dental. La arecolina, además de sus efectos psicoactivos, posee propiedades analgésicas, por lo que pudo haber sido utilizada para aliviar las molestias provocadas por el dolor de dientes.
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Sin embargo, el consumo repetido habría tenido consecuencias graves.

Un remedio que pudo empeorar el problema
Las nueces de betel son duras y abrasivas. Su consumo prolongado habría provocado un desgaste considerable de los dientes.
En algunos casos, el deterioro fue tan severo que la cámara pulpar interna del diente quedó completamente expuesta. Esto habría provocado dolor intenso, dificultades para alimentarse y un mayor riesgo de infecciones dentales crónicas.
De esta manera, un hábito que inicialmente pudo haber servido para aliviar el dolor habría terminado generando nuevos problemas de salud.
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Un hallazgo que cambia la historia del consumo de drogas
Los investigadores consideran que el descubrimiento modifica la comprensión sobre los orígenes del consumo de sustancias psicoactivas.
Hasta ahora, algunas de las primeras evidencias propuestas para este tipo de prácticas se remontaban principalmente al Neolítico o a la Edad del Bronce, hace unos 3.500 años. Los nuevos resultados permiten situar el consumo de nuez de betel mucho más atrás, durante el Pleistoceno tardío, hace decenas de miles de años. Se recomienda: Los pequeños fósiles que revelan nuevas pistas sobre el pariente más antiguo de los humanos
El hallazgo abre nuevas preguntas sobre las razones por las que los grupos humanos prehistóricos comenzaron a utilizar sustancias capaces de modificar el estado de ánimo, la percepción o la actividad cerebral.
Además, los investigadores consideran que el consumo de betel pudo convertirse desde épocas muy tempranas en una práctica habitual, con efectos tanto culturales como sobre la salud de quienes la consumían.















