Como van las cosas, con nadadito de perro se le va dando forma al modelo socialista del siglo XXI y por ello lo más importante seguirá siendo perpetuarse en el poder.
Lo dijimos en su momento, este es un gobierno que sólo entiende cuando se le habla a gritos y eso lo puso de manifiesto el paro camionero, gracias al cual el gobierno se vio obligado a reconsiderar y encontrar una fórmula transaccional que permitió el levantamiento de las protestas.
Viéndolo desde nuestra perspectiva de ciudadano, pensamos que el mismo se hubiese podido arreglar más rápidamente y no esperar tanto tiempo como el gobierno lo hizo, causándole un tremendo daño a la economía nacional y teniendo que, obligatoriamente, sentarse a negociar y dar marcha atrás a la determinación adoptada.
Ahora, si los particulares y todos aquellos que usamos gasolina para transportarnos hubiéramos hecho lo mismo, el gobierno hubiese tenido también que reconsiderar la medida y el impacto financiero para el bolsillo de los usuarios hubiese podido difuminarse en el tiempo, logrando ajustar los presupuestos a los nuevos valores establecidos.
Al revisar la fórmula que determina el precio del ACPM encontramos que se deben tener en cuenta los factores de producción del producto que equivalen algo así como a la mitad del valor del mismo, sólo que a ese precio se le agrega el IVA y un impuesto global; eso da el precio de venta al distribuidor mayorista; éste le agrega el margen de utilidad para él, más los gastos de transporte, entregándoselo al minorista que le suma su propia utilidad, más las pérdidas por evaporación, más el transporte hasta la estación de servicios y en algunos casos, las sobretasas municipales y departamentales.
Lo más curioso es que el precio básico del barril para refinar se toma por el que tenga en su momento el mismo en los Estados Unidos.
Por lo tanto, ese es el tema a definir y como puede deducirse, buena parte del mismo son impuestos y es allí donde el Estado podría ceder un poco, aunque este gobierno no piensa en cosa diferente que subirlos para financiar su corrupción, sus gastos superfluos y exóticos y la enorme burocracia que ha desarrollado, como en el caso del inútil Ministerio de la Igualdad que sólo sirve para malgastar el presupuesto y para tener preparada una primera línea que utilizará cuando vea que, definitivamente, lo deponga la ley y a través de lo que él llama el pueblo tratar de incendiar el país para mantenerse en la presidencia.

Como van las cosas, con nadadito de perro se le va dando forma al modelo socialista del siglo XXI y por ello lo más importante seguirá siendo perpetuarse en el poder.
De nosotros depende, si no vencemos la indiferencia, nos irá peor.










