En 1995 Sudáfrica sería la sede mundial de rugby, deporte elitista de los “blancos” y símbolo del apartheid, completamente rechazado por los “negros”.
Madiba, significa padre en xuxo, era el término como todos en Sudáfrica conocían a Nelson Mandela. Luego de pasar 27 años en prisión, fue liberado en 1990 tras una negociación entre el gobierno de Frederik Le Clerk y el Consejo Nacional Africano, partido del que era líder Mandela. Sudáfrica estaba al borde de la guerra civil. La nación había estado dividida de manera irreconciliable entre negros y blancos por el apartheid, sistema de segregación racial que regía en Sudáfrica desde 1948 y que consistía en tener lugares separados entre negros y blancos para vivir, reunirse o estudiar. Sólo los blancos, que apenas alcanzaban el 20% de la población, podían votar.
Comenzó el desmonte del apartheid y se acordó convocar a toda la nación a elecciones en 1994 en las que Mandela resultó victorioso. Juró que nunca más habría unos oprimidos por otros y comenzó su gobierno integrando “negros y blancos”, desde su escolta personal hasta los altos cargos, bajo la consigna de trabajar a su máxima capacidad por el bien de TODA la nación, pues la unión y la reconciliación comenzaba con ellos.
En 1995 Sudáfrica sería la sede mundial de rugby, deporte elitista de los “blancos” y símbolo del apartheid, completamente rechazado por los “negros”. Mandela vio en este campeonato una oportunidad de oro para unir a la nación reconociendo el poder que tiene el deporte para convocar y movilizar, pero para ello era necesario que el equipo triunfara. Mandela llamó al capitán y le expuso su idea, se reunió frecuentemente con los jugadores, los motivó, los puso a entrenar rigurosamente a la par que debían impartir clases de rugby a los niños negros de todo el país. Lo hicieron al comienzo con reticencia, luego con agrado y convicción.
En un año lograron que una población históricamente excluida se integrara voluntariamente y con entusiasmo al proceso. El país se llenó de anuncios con el lema “Un equipo, Una nación”. Así, los Sprinboks conquistaron el título mundial en medio del júbilo y el apoyo fervoroso de toda una nación que ovacionó a su equipo y a su presidente. El partido fue visto por mil millones de personas y la inversión extranjera llegó a manos llenas. Madiba, el padre de la nación sudafricana y Frederik Le Clerk, ganaron conjuntamente el premio Nobel de Paz.
Después de pasar tanto tiempo en prisión, Mandela salió sin rencor, sin ánimo de venganza, puso el bienestar de la nación por encima de su reivindicación. Para esto se requiere grandeza de espíritu. He aquí un ejemplo de un líder positivo que nuestro Presidente debería emular. Unir en lugar de dividir, sería el verdadero cambio.












