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Viernes 11 de abril de 2025 - 12:30 AM

La palabra más bella

Los aranceles han estado presentes en el desarrollo de las relaciones comerciales y fiscales del mundo. El hecho de que su origen se relacione con la exención de cargas en tiempos de guerra, resalta la complejidad de las transacciones económicas.

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La palabra “arancel” está de moda. Este término proviene del árabe hispánico “alinzál”, que a su vez se deriva del árabe clásico “inzal”, que significa “alojamiento”. Esto, porque era el impuesto que se cobraba a los civiles por el transporte de mercancías, quienes a cambio se eximían de la obligación de alojar tropas en sus domicilios.

Los actuales aranceles no son una figura moderna, sino una táctica antigua para proteger el comercio y fortalecer los mercados internos y las industrias locales. Ya existía en el imperio Asirio y en el antiguo Egipto donde se grababan las caravanas, y también en las ciudades-estado griegas que imponían tributos sobre el grano. Los romanos cobraban impuestos en sus fronteras, y en la Edad Media los señores feudales cobraban peajes sobre ríos y caminos. Los impuestos sobre bienes coloniales financiaron imperios como el español. Y la resistencia a las prácticas comerciales restrictivas, como las que impuso Gran Bretaña, fue clave para la independencia de Estados Unidos.

Los aranceles han estado presentes en el desarrollo de las relaciones comerciales y fiscales del mundo. El hecho de que su origen se relacione con la exención de cargas en tiempos de guerra, resalta la complejidad de las transacciones económicas a lo largo de la historia. Aunque actualmente los aranceles suelen estar dirigidos a empresas, a sectores y a gobiernos extranjeros, las consecuencias internas en cada país, son siempre muy importantes.

Como es de esperar, los mercados (en realidad, los países) reaccionan con retaliaciones a la subida de los aranceles y las consecuencias se reflejan en cotidianidad de los ciudadanos. Como en esta ocasión el caos que se está viviendo empezó con la guerra arancelaria impuesta por el Presidente Trump en el intento por revitalizar la economía estadounidense, he revisado tres casos anteriores en los que Presidentes de Estados Unidos han subido los aranceles ocasionando grandes pérdidas en los mercados.

En el siglo XX, encontramos la famosa crisis y caída de la bolsa de 1929, a la cual se atribuye el colapso al patrón oro. En esa ocasión ante el caos intentaron fortalecer una plataforma proteccionista para apoyar la agricultura, pero culminó en un arancel que afectó 25.000 productos importados, generando las despiadadas represalias de las otras naciones. Luego ya en el siglo XXI se vivió una caída de la bolsa casi más grave que la de 1929; en el año 2002, los aranceles al acero de George W Bush llevaron a la pérdida de 475.000 empleos en la manufactura y causaron la pérdida de 2 billones de dólares en el mercado. Estos aranceles se levantaron en diciembre de 2003 por temores de represalias de la Unión Europea. Y también durante la primera administración Trump, el mercado de valores alcanzó su máximo en enero de 2018 tras la imposición de aranceles a China, lo que llevó a represalias, guerra comercial y aumento de precios.

En reciente discurso, Donald Trump declaró que “arancel” es la palabra más bella del diccionario, y así marcó el inicio de una nueva era de guerra comercial; pero como hemos visto, este fenómeno no es nada nuevo y la historia ha demostrado que las consecuencias en general para el mundo pero especialmente para los ciudadanos de Estados Unidos, no son tan bellas como la palabra de moda.

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