Los cambios en la geopolítica global, profundizados por el matoneo arancelario y el unilateralismo del gobierno Trump 2.0; al tiempo que el delicado panorama fiscal del país, obligan al gobierno a buscar alternativas para equilibrar la balanza comercial con China.
El 31 de julio de 2019 las redes estallaron con la foto del presidente Duque en visita oficial a China,presentando una ofrenda floral ante el Monumento de los Héroes de la Revolución comunista. ¿Hipocresía como decían sus críticos, incluido el exministro Fernando Londoño? No. Creo que más bien realismo. El reconocimiento de la importancia de China en el mundo en lo político, lo económico y lo tecnológico que hoy lo tiene como el principal socio comercial de todos los países suramericanos excepto Colombia.
Por eso llama la atención que hoy Duque se oponga a que Colombia ingrese a la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda; un proyecto mundial impulsado por China y del que aquí nadie hablaba, pese a que hace más de 10 años ofrece posibilidades de inversiones e infraestructura y del que ya hacen parte 21 países entre ellos: Uruguay, Ecuador, Chile, Bolivia, Costa Rica, Perú y hasta la Argentina de Milei.
Sorprende digo, porque los cambios en la geopolítica global, profundizados por el matoneo arancelario y el unilateralismo del gobierno Trump 2.0; al tiempo que el delicado panorama fiscal del país, obligan al gobierno a buscar alternativas para equilibrar la balanza comercial con China, nuestro segundo socio comercial, que está desnivelada en más de 10.000 millones de dólares.
Si bien las circunstancias externas e internas que enfrentamos pueden justificar esta decisión política y comercial que apunta a la tan reclamada diversificación de nuestras relaciones con el mundo, más allá de la centenaria doctrina del “Respice polum”. Para acceder a nuevas oportunidades de financiamiento, de comercio en sectores como alimentos o agroindustria, inversión extranjera, infraestructura y transferencia tecnológica; para poder compensar las inaceptables amenazas lanzadas por Washington a través de Mauricio Claver-Carone, a quien sacaron del BID por un escandalo sexual, es necesario que esta decisión tenga detrás una estrategia planificada y concertada con los partidos, el sector privado, que no es solamente la ANDI, y la sociedad civil.
La decisión soberana de profundizar nuestra relación con China de la que somos vecinos en la Cuenca del Pacífico es oportuna y necesaria, pero para que los beneficios superen los costos, hay que contar con una estrategia consistente y pragmática que ojalá se haya construido desde la Cancillería al menos desde el viaje de Petro en octubre de 2024, porque como dicen por ahí, el diablo está en los detalles.












