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Viernes 16 de mayo de 2025 - 12:20 AM

“Golpes Blandos”

Una vez posesionado, Urdaneta nombró a Rojas Pinilla comandante general de las Fuerzas Armadas. En ese periodo se agudizó la crisis política y se exacerbaron las disputas entre los partidos, lo cual condujo a un profundo descontento social.

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En mayo del 2024, ante el inicio de la investigación judicial por las presuntas irregularidades en la campaña del 2022, el presidente Petro empezó a denunciar en redes sociales el inicio de un supuesto “golpe blando”.

Gene Sharp, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Massachusetts Dartmouth, fue el creador de la expresión “golpe de estado blando” o “golpe de estado suave”, para referirse a la remoción de un mandatario mediante prácticas aparentemente legales y no violentas, como procesos judiciales amañados, juicios de responsabilidad política forzados, denuncias ficticias por corrupción o mala gestión, etc., que llevan a la indignación y movilización de la sociedad, hasta forzar la renuncia o destitución de un presidente. Esto en contraste con los golpes “fuertes” o “violentos” que caracterizaron las décadas del 60, 70 y 80 en Latinoamérica, Asia y África, la mayoría con intervenciones militares.

A propósito recuerdo al célebre profesor Mario Latorre Rueda (1918-1988), abogado, político y politólogo sangileño, quien como Gobernador de Santander, Representante a la Cámara, Consejero de Estado, Magistrado de la Corte Suprema de Justicia y perenne académico del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Los Andes, fue conocedor y protagonista directo de la historia política colombiana del siglo XX. “Don Mario” como lo conocían sus discípulos, decía con mucha gracia en sus inolvidables clases, que el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla en realidad más que una “dictadura” había sido una “dictablanda” y que su llegada a la presidencia no había sido producto de un “golpe de estado” sino de una serie de coincidencias.

En efecto, en noviembre de 1951 el presidente titular Laureano Gómez sufrió un infarto cardiaco y entonces Roberto Urdaneta asumió el poder como designado. Una vez posesionado, Urdaneta nombró a Rojas Pinilla comandante general de las Fuerzas Armadas. En ese periodo se agudizó la crisis política y se exacerbaron las disputas entre los partidos, lo cual condujo a un profundo descontento social. Así, el 13 de junio de 1953, el presidente designado Roberto Urdaneta renunció y el presidente titular Laureano Gómez intentó retomar el poder, pero una coalición conformada por un sector del partido conservador liderado por Ospina Pérez y los políticos Lucio Pabón Núñez y Gilberto Alzáte Avendaño, los dirigentes del partido Liberal, la Iglesia Católica y las fuerzas armadas, auparon a Rojas Pinilla -un dubitativo y desentendido teniente general, hasta entonces sin mayores aspiraciones políticas- a la Presidencia de la República. Decía “Don Mario” que Rojas Pinilla llegó prácticamente obligado, porque a diferencia de las otras dictaduras militares de la época, lo del General no era un proyecto político autónomo, sino una estrategia coyuntural para dirimir las disputas entre liberales y conservadores. Sin embargo con el paso de los meses, Rojas empezó a alejarse de sus auspiciadores del bipartidismo tradicional e implementó un gobierno populista y -entonces sí- dictatorial.

Lo preocupante es que como en el presente ocurren menos golpes de estado en América Latina que en los 60s, 70s u 80s, entre los gobernantes surgió la tendencia de llamar “golpes blandos” a otros fenómenos y manifestaciones que en realidad sí son juicios políticos legales por ineptitud o pésima gestión, sí son destituciones en el marco de la constitución y la ley por corrupción o por indignidad, y sí son renuncias de mandatarios para evadir a la justicia, procesos que pueden estar acompañados o no de movilizaciones populares.

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