Al deambular por las vías vehiculares de nuestras ciudades, el observador capta una actitud de los colombianos del siglo XXI: detestan la quietud, el tener que esperar. Impacta la desesperación de los automovilistas y, más agudamente, de los motociclistas durante el minuto o dos que demora la luz roja de un semáforo en pasar a verde. No saben esperar, les fastidia durar 60 segundos “sin hacer nada”.
Lo mismo se percibe en los sitios en que se debe hacer fila y en las salas de espera de las oficinas estatales o privadas: les exaspera la quietud, les altera, se aburren.
¿Acaso no fue el “no hacer nada” lo que posibilitó la concepción de nuevas ideas, de las que surgieron el arte, la ciencia, la filosofía?
¿Acaso el ser humano ha sido siempre así de impaciente? La respuesta es no.
Mucho en tal comportamiento social es consecuencia del ambiente creado por los avances tecnológicos, de la veloz transformación forzada que en la sociedad han implantado las innovaciones de ciencias aplicadas.
Cada vez que se implementa un avance tecnológico éste no acepta el estado de cosas existente, impone un nuevo ambiente, se promociona que hará nuestra vida más fácil, más cómoda, pero la realidad es que obliga a la sociedad a dar un vuelco, exige que adaptemos las cosas a su molde del mundo, lo mismo exige de nuestra atención, memoria, razonamiento, abstracción, sentidos, habilidades.
Ocurrió cuando se creó la imprenta, siglos después cuando se inventaron el ferrocarril, los barcos de vapor, los automóviles, la aviación, entre otros.
Pero los cambios sociales que han traído las invenciones difundidas en las últimas décadas son muy amplios y frecuentes, abarcan grandes campos sociales.
El ser humano no alcanza a asimilar una transformación cuando llega la siguiente.
¿Ejemplos? La televisión moldeó a su manera a la comunidad, pero a poco andar llegó un chaparrón de avances tecnológicos: los computadores, el celular, la internet, las pantallas y otras herramientas cibernéticas, la inteligencia artificial, la robótica, entre otros.
Cada uno de tales avances cambia muchas cosas, genera profundas consecuencias en los seres humanos y en la sociedad, altera el proceso cognitivo, incide en el desarrollo cerebral, altera factores emocionales y conductuales en los seres humanos, arruma la forma como miles de millones de personas perciben y hacen inteligible la realidad y todos deben, de la noche a la mañana, cambiar la forma en que hacen inteligible la existencia. El auge descontrolado de la tecnología está destruyendo fuentes esenciales de la humanidad, creando una cultura sin fundamentación, socavando, debilitando las bases mismas de las relaciones sociales.












