La elección popular de alcaldes (1988); corto el cordón umbilical de las municipalidades y el gobernador de turno, que les designaba. Una nueva conversación política irrumpió en la realidad democrática de nuestro país; apareciendo los liderazgos individuales que ambicionaban en gobernar sus localidades. Los problemas se convirtieron en fiesta de paisanos en los territorios lejanos, mientras que en las ciudades las disputas permitieron los avances en servicios públicos, transformación urbana, formación ideológica y consolidación de partidos tradicionales; y las propuestas llamadas independientes.
Nuestra Bucaramanga, no ha sido ajena a esas reglas invisibles; que le han madurado y le indican escenarios más ambiciosos. Nos referimos a la implementación de la figura de las “alcaldías locales”; que no es otra cosa más, que un enlace real y concreto del mandatario con el habitante en su máxima cercanía.
Está interesante figura ya existe, ya ha sido implementada en la capital de la República, Cartagena, Barranquilla, Santa Marta, Cali, ciudades que nos invitan desde su experiencia, abrir el debate en Bucaramanga, sobre su creación y funcionamiento.
Las bondades van desde la del reconocimiento de los liderazgos de barrio hasta el freno al “desmadre” de enfermedades urbanas como la invasión del espacio público. Es que cabecera del llano jamás hubiese padecido a cuadra play, ni el paseo del comercio la venta estacionaria. El alcalde local; me recuerda, a la profesora Gertrudis que veía un insignificante papel en el piso del salón y de inmediato era recogido. El salón siempre estuvo limpio (obvio); jamás la esquina del barrio sería un botadero de basura.
Así las cosas, el alcalde por elección, se encargaría de los grandes temas de Ciudad; como el transporte masivo, la seguridad ciudadana, los convenios internacionales, la inversión en infraestructura y mobiliario etcétera…, ya no gastaría su importante tiempo en tapar el hueco, cambiar la luminaria o impedir que un vehículo se suba en un andén. Esas tareas, estarían bajo la responsabilidad del alcalde local. Tenemos el derecho a soñar. El alcalde por elección dejaría de ser el “apaga incendios” y se transformaría en el gran visionario y gran ejecutor de esa ciudad imaginada y merecida.
La experiencia de las ciudades, ya mencionadas, es un haber en el camino; y debemos hacer uso de él, ese acompañamiento desde el minuto cero sería vital para Bucaramanga y el futuro de una estrategia que no habla de obras físicas, sino de avances administrativos, de un reordenamiento conceptual de la presencia en territorio del alcalde por elección, lo que conocemos como los alcaldes locales.
Nota: Señor alcalde de Bucaramanga, señora directora del Instituto Municipal de Cultura y Turismo: no olviden que el Teatro Peralta sigue en cuidados intensivos.












