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Domingo 12 de abril de 2026 - 01:00 AM

¿Hasta cuándo?

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Mientras Barichara se promociona como el pueblito mas bonito de Colombia, la verdad es un poco menos estética y bastante grave, pues el agua que consumen miles de habitantes podría estar contaminada.

En el más reciente pronunciamiento de la magistrada María Eugenia Carreño Gómez, del Tribunal Administrativo de Santander, una vez más, vuelve a poner el tema en el centro del debate público. No se trata de una alerta menor. Desde el Tribunal se han identificado indicios serios de que en zonas rurales de Barichara, Villanueva y Cabrera se estaría distribuyendo agua no apta para el consumo humano, con la posible presencia de Escherichia coli, una bacteria comúnmente asociada con contaminación fecal.

Lamentablemente, ante esta situación constantemente advertida por ciudadanos, veedurías, medio de comunicación y lideres de opinión, la respuesta institucional se mueve entre la lentitud y la evasión. En lugar de respuestas claras y acciones inmediatas, surge un cruce de responsabilidades: las entidades competentes para resolver el tema se señalan entre sí, operadores se deslindan, las autoridades no asumen con contundencia la dimensión del problema.

Ante este desafortunado panorama, el Tribunal ha tenido que intervenir para obligar a las instituciones a hacer lo básico. En esta ocasión ha vinculado a la CAS para que haga la entrega de la información clave para entender quien presta este servicio, en qué condiciones se está suministrando el agua y cuál es el riesgo para la salud pública.

Son mas de 6.800 personas, muchas de ellas niños y adultos mayores que podrían estar expuestas al consumo de agua con alto riesgo de contaminación. No es un problema técnico, es una amenaza contra la dignidad humana.

Como si fuera poco, en el casco urbano de Barichara, los habitantes reportan agua turbia con olores desagradables, algunos reportan olor a hierro, lo cual incrementa la preocupación colectiva. Este nuevo hecho no hace parte de los hechos reportados constantemente, pero sí es otra prueba más de la falla en la prestación del servicio y la poca eficiencia a la hora de generar soluciones inmediatas.

Aquí es donde la narrativa turística choca de frente con la realidad. ¿De qué sirve ser el pueblito más bonito de Colombia si sus habitantes y visitantes no tienen garantizado algo tan básico como el acceso a agua potable?. Es importante también que el sector turismo se una y exija soluciones inmediatas, pues serían unos de los principales afectados.

Las acciones no pueden seguir aplazándose. La intervención de autoridades de salud, entes de control y la Superintendencia de Servicios Públicos no solo es necesaria: es urgente. Cada día de falta de acción y abandono institucional amplía el riesgo y profundiza la desconfianza ciudadana en lo público. ¿Hasta cuándo?

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