Los resultados de las últimas encuestas son reiterativos en señalar el primer lugar de Iván Cepeda y el segundo de Abelardo De la Espriella (ADLE). Como están las cosas solo una sorpresa de última hora le daría el paso a Paloma Valencia a una segunda vuelta. Aunque ninguna de las encuestas anticipa un triunfo en primera vuelta, la tendencia es a que el electorado se polarice entre Cepeda y ADLE.
Aunque a primera vista pueden parecer como el agua y el aceite, lo cierto es que en lo estratégico, el uno y el otro, al igual que las demás candidaturas, compiten “por demostrar quién cumple de la manera más humillante la agenda de saqueo” (Soberanía, 2026) que impone Estados Unidos en su fase decadente.
Uno de los nefastos lastres que deja el presidente Petro es la alta probabilidad de que quién lo suceda sea por un lado, un continuador de su desgobierno, y por el otro, la reacción más grotesca al cambio en reversa del petrismo y cuya campaña ha demostrado que compite con las mismas formas y bajezas a las que malacostumbró al país el Pacto Histórico.
Ambas opciones son un mal augurio para Ecopetrol. Cepeda continuará la política de dependencia energética a través del saboteo a Ecopetrol y la importación de combustibles. ADLE representa el regreso al modelo donde el estado toma el hueso y los privados el lomo dejando el negocio petrolero en manos de multinacionales como Chevron, Exxon o Geopark, la nueva apuesta de los magnates más beneficiados en el gobierno de Petro y también promotores de ADLE, los Gilinski.
Tanto Cepeda como ADLE continuarán la fumigación aérea con glifosato, los bombardeos y el acatamiento a la fracasada política de “lucha antidrogas” impulsada por los gringos para afianzar su dominio en la región. Cepeda, como Petro, disimulará el cumplimiento de las exigencias de Trump, ADLE sacará pecho de llevarlas a cabo así como se jacta de su nacionalidad gringa mientras desprecia la cultura colombiana.
Hay que lamentar que ante semejante crisis no haya una respuesta patriótica ni democrática de ningún candidato. Como señala el partido Colombia Soberana:“ninguna candidatura ha jugado un papel esclarecedor sobre los problemas del país; varios, como Cepeda y De la Espriella, hasta se niegan a debatirlos y menoscaban valiosas palabras como -patria- o -revolución-”.
Por lo anterior votaré en blanco. No para irme “a ver ballenas”, sino para continuar en la brega de explicar que Colombia no debe seguir relacionándose con el mundo como una neocolonia, sino que debe jugar para ganar y para eso lo primero es defender la soberanía, pero en esta oportunidad en el tarjetón ¡No hay con quién!












