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Miércoles 03 de junio de 2026 - 12:51 PM

La hora de Fajardo

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A juzgar por los resultados de la primera vuelta presidencial, a Sergio Fajardo le sentó bien el café con Paloma Valencia. Muy pocos apostaban a que el profesor sería uno de los protagonistas del domingo pasado, una jornada en la que De la Espriella y Cepeda concentraron el 84 % de los votos.

No todo el mundo tiene una segunda oportunidad en la vida, y mucho menos en política. Por eso, lo que decida en los próximos días podría permitirle a Fajardo sacudirse la fama de “tibio” que arrastra desde 2018, cuando, tras quedarse a las puertas de la segunda vuelta, prefirió irse a ver ballenas a Nuquí.

Esa segunda oportunidad es ahora. La campaña de Cepeda necesita atraer los votos del centro y de los independientes para ganar el balotaje. Al mismo tiempo, Fajardo, quien obtuvo más de un millón de votos el domingo, ya ha dicho que no apoyaría a De la Espriella, por lo que inevitablemente será protagonista de esta segunda vuelta.

Y es ahora porque la opción que representa “El Tigre” —una mezcla de Trump, Bukele, Noboa y Milei adaptada a la idiosincrasia colombiana— constituye un verdadero salto al vacío. Una apuesta que pone en riesgo no solo los limitados avances sociales de los últimos años, sino también los derechos de quienes pensamos distinto y, en consecuencia, el ejercicio pleno de la ciudadanía.

Me pregunto si, en las condiciones de pobreza y desigualdad que enfrenta nuestro país, es posible mantener y consolidar la democracia reduciendo el Estado en un 40 %, como promete De la Espriella, y eliminando o privatizando más de cien entidades públicas. Entre ellas figuran empresas de energía regionales, como las del Meta, Huila y Caquetá, cuya privatización podría traducirse en tarifas más altas para los hogares; la ESAP, que lleva educación superior a algunos de los municipios más vulnerables del país; o la Superintendencia Nacional de Salud, cuya desaparición podría volver aún más opaco el manejo de los recursos del sistema.

Como ocurrió en la Argentina del “León”, el ajuste que podría venir sacrificaría a los más pobres en el altar de la estabilidad macroeconómica y haría todavía más débil a un Estado que ya ha sido incapaz de llegar con salud, educación, justicia y seguridad a regiones como Arauca, Catatumbo, Chocó, Nariño, La Guajira o Putumayo.

Lo que se juega Colombia el próximo 21 de junio no es cualquier cosa. Ojalá esta vez el profesor Fajardo y su fórmula vicepresidencial, Edna Bonilla, se sumen al proyecto de un país en el que quepan las minorías; en el que el desarrollo no siga destruyendo nuestros ecosistemas, ya golpeados por la minería y la deforestación; y en el que nunca más se amenace con destripar a nadie por pensar diferente.

Después de salvar nuestra imperfecta democracia y el Estado social de derecho en la segunda vuelta, todos podremos irnos a ver ballenas.

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