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Domingo 14 de junio de 2026 - 01:00 AM

¿El fracking acaba con el agua?

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Las redes sociales llevan una semana inundadas de comentarios sobre el fracking o Yacimientos No Convencionales (YNC) a raíz de su mención por parte de las dos campañas presidenciales. Abelardo de la Espriella está de acuerdo con la aplicación de esta técnica, mientras que Iván Cepeda mantiene el rechazo del actual gobierno. Entre los múltiples aspectos por los cuales se debe analizar la conveniencia de los YNC, hay uno en particular que genera mucha sensibilidad: el impacto sobre el agua. Hay principalmente tres inquietudes al respecto.

La primera consiste en la cantidad de agua utilizada. Si bien en un inicio los pozos con fracking usan mayores volúmenes de agua que los pozos convencionales, a lo largo de la operación hay evidencia que la cantidad es menor, dado que los niveles de eficiencia son más altos. En promedio, se requiere medio barril de agua por barril de petróleo extraído, en contraste a tres barriles de agua con el método tradicional. Es decir, hoy se utiliza más agua. Adicionalmente, si se compara la cantidad de agua que requiere la industria petrolera con otras actividades, esta no llega al 1,5% del total. Y no es apta para el consumo humano. Las fuentes incluyen agua reutilizada, del mismo pozo o de cuerpos superficiales. Cada vez se usa en menos cantidades.

La segunda inquietud se refiere a la posibilidad de contaminar los acuíferos. El agua inyectada se compone en 3% de arena y 2% de aditivos. Estos últimos están en aplicaciones comerciales y productos en el hogar en concentraciones más elevadas. Por ejemplo, incluye bicarbonato de sodio que se usa en la crema dental o en polvos para bebés. Para impedir el contacto de estos líquidos con los acuíferos, los pozos son cubiertos con varias capas de encamisado de acero y cemento, tal como ocurre con la técnica convencional. Además, los acuíferos se ubican entre 60 y 600 mt de profundidad, mientras que el fracking se realiza a más de 3.000 o 4.000 mt, por consiguiente, no hay ninguna conexión entre los dos.

La tercera preocupación es la disposición final del agua. Se estima que dos tercios se queda confinada en el subsuelo y un tercio vuelve a la superficie. Esta agua es tratada, reutilizada o se dispone a miles de metros de profundidad, siempre aislada de cualquier contacto con el medio ambiente. En este sentido, hay mecanismos que permiten mitigar los riesgos en el uso y contaminación del agua. El fracking es una tecnología que ha evolucionado significativamente durante sus más de 80 años de existencia y ya se usa en más de 2 millones de pozos en el mundo. Este es un debate que requiere altura y argumentos basados en la ciencia.

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