Publicidad

Columnistas
Sábado 22 de agosto de 2026 - 01:00 AM

Contra las cuerdas

Compartir

El problema energético de Colombia dejó de ser una advertencia para convertirse en una realidad; esta vez se juntaron demasiados factores al mismo tiempo.

El Niño no es una especulación. El Ideam confirmó que ya está presente y estima una probabilidad superior al 90% de que persista hasta el primer trimestre de 2027; además, calcula en 69% la posibilidad de que entre octubre y diciembre alcance una intensidad “muy fuerte”. Para un país que todavía depende ampliamente del agua para producir electricidad, la señal es preocupante; menos lluvias significan menores aportes a los embalses y, simultáneamente, las mayores temperaturas disparan el consumo.

Pero el verdadero problema es que llegamos a esta coyuntura sin suficiente margen de seguridad. XM estima para 2026-2027 un déficit de 3.906 GWh/año de energía firme, aquella con la que debemos contar precisamente cuando las condiciones son críticas. Para dimensionar la magnitud del faltante, esto equivale aproximadamente a seis veces toda la energía que consume Bucaramanga en un año; así las cosas, hablamos de un enorme hueco en el respaldo que necesita el sistema eléctrico nacional.

Cuando baja la generación hidráulica, las plantas térmicas deben entrar con mayor fuerza; y ahí aparece otro problema: el gas. Colombia perdió su autosuficiencia y depende cada vez más del importado. En lo corrido de agosto, las importaciones destinadas a atender la demanda térmica ya alcanzan el 86% de la capacidad de la regasificadora de Cartagena. Tenemos, entonces, un sistema eléctrico que necesita más respaldo térmico precisamente cuando el combustible que lo sostiene también está bajo presión.

Al gobierno anterior hay que reprocharle haber ignorado durante demasiado tiempo las advertencias. La transición energética era necesaria; poner en riesgo la confiabilidad del sistema para adelantarla, no. Colombia necesitaba paneles solares, por supuesto, pero también proyectos de generación capaces de aportar energía firme; el país debe empezar a pensar y avanzar desde ahora en el próximo Hidroituango o Hidrosogamoso.

Las consecuencias las sentiremos todos. La energía será más costosa y las electrificadoras tendrán que comprar lo que les falta en un mercado más exigente; además, nos toca promover el ahorro y trabajar especialmente con grandes consumidores para desplazar o reducir consumos en horas críticas.

No se trata de anunciar un apagón inevitable ni de sembrar pánico; se trata de entender que Colombia perdió buena parte de su colchón de seguridad justo cuando enfrenta un Niño potencialmente extraordinario.

La buena noticia es que al Gobierno regresaron técnicos que conocen el sistema y entienden la urgencia; la mala es que reciben un sector contra las cuerdas. Ahora toca actuar rápido, asegurar gas y acelerar la entrada de los proyectos de generación, administrar la demanda y prepararnos para pagar más. La energía que no planeamos ayer puede hacernos mucha falta mañana.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día