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Sábado 22 de agosto de 2026 - 01:00 AM

¿La maternidad: una transición o una deserción?

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«Si el amor paternal es la base de todos los amores, también es una reconstrucción, una revisión y una indagación en el amor propio», afirma Rachel Cusk, escritora canadiense y británica, en su libro Un trabajo para toda la vida. Con esta premisa, la autora abre interrogantes polémicos: ¿qué es una mujer si es madre y qué es una madre en realidad?

El hombre o la mujer que reconoce en la ma- o paternidad una experiencia primordial de desmembramiento —con toda su abundancia de tragedia, comedia y amor— entre uno mismo y los demás, hallará en este ensayo un eco, un consuelo y un espejo. La crianza deviene en la crónica de una transición que desafía la planificación obsesiva iniciada desde el embarazo. En este proceso de formar a otro ser humano, el tiempo transcurre en círculos y el bebé se erige, a la vez, en víctima y autócrata. Ante la demanda perpetua, la mujer asume una metamorfosis radical: «Me he convertido en una unidad de respuesta inmediata», un rol que empieza a parecerse al de un controlador de tráfico aéreo.

A raíz del nacimiento, las vidas de la madre y del padre divergen; de acuerdo con la autora, si antes vivían en un estado de relativa igualdad, a partir de entonces surge entre ellos una especie de relación “feudal” en la que el padre adquiere la autoridad y la protección del ámbito externo, relegando a la madre a una posición de dependencia y confinamiento doméstico. El manual de cuidados infantiles se convierte en el emblema de la soledad psíquica de la madre; de ahí que Cusk sostenga que «en este limbo se aprende lo que significa ser mártir y diablo al mismo tiempo». Preservar la identidad emula la audaz y frágil permanencia del nido de un pájaro construido en el borde de un acantilado. Dar a luz no solo separa a las mujeres de los hombres; también las separa de sí mismas y transforma profundamente su idea de la existencia.

Es tan difícil separarse de los hijos como quedarse con ellos. Bajo el frío de Coleridge, al evocar su poema Escarcha a medianoche, la maternidad llega a parecerle no tanto una condición, sino una tarea con etapas que terminan, fuera de las cuales se recupera la libertad. No obstante, Cusk no demerita esta labor; al contrario, desmitifica su dureza para devolverle su verdadera trascendencia. Al fin y al cabo, «toda la vida humana en el planeta nace de una mujer», como escribió la poeta Adrienne Rich.

Al final, Cusk abraza una postura contundente: afrontar esta crisis de identidad no es un fracaso, sino el acto de corresponsabilidad y sostén social más relevante. Su crudeza es un homenaje a una labor que sostiene al mundo en la sombra, concluyendo con una certeza lapidaria de Rich: «Sabemos mucho más acerca del aire que respiramos o de los mares que atravesamos que acerca de la naturaleza y del significado de la maternidad».

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