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Domingo 30 de agosto de 2026 - 01:00 AM

Bienvenida la crítica

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Prefiero mil veces que Gustavo Petro y los suyos critiquen a que vuelvan a gobernar, y lo digo sin eufemismos, porque durante décadas ejercieron la crítica con un talento que nadie puede negarles, denunciaron la corrupción y la captura del Estado; el problema apareció cuando les entregamos el país, porque diagnosticar y administrar son oficios distintos, el primero exige indignación y el segundo ejecución, y la ejecución, a diferencia del discurso, se mide.

El Libro de la Verdad, el documento del empalme, la mide: el déficit del Gobierno Nacional Central llegó al 6,4 % del PIB en 2025, con la cláusula de escape de la regla fiscal activada hasta 2027, la caja de Hacienda cayó a 16 billones en mayo de 2026 frente a un rango histórico de 30 a 40, y la deuda se colocó a tasas de entre 13 % y 15 %, las más altas de la historia reciente, con vencimientos concentrados en los años del gobierno que empieza, de manera que quien paga la cuenta no es quien la firmó.

Fonvivienda obligó apenas el 33,31 % de los 2,65 billones apropiados para inversión en 2025, y dos de cada tres pesos de familias que esperaban subsidio quedaron en el papel; la cartera de las IPS frente a las EPS pasó de 15,24 billones en diciembre de 2022 a 40,20 en junio de 2026, un 164 % más, con seis EPS todavía intervenidas y 645.794 quejas por medicamentos no entregados; y el sector Presidencia apropió 18,49 billones en cuatro años y pagó 2,79, con una UNGRD que concentró el 82,8 % y ejecutó el 4,3 %.

Eso no es mala suerte ni herencia recibida, porque el presupuesto de Colombia Mayor se agotó en julio y dejó sin respaldo cinco pagos a tres millones de adultos mayores sin pensión, el Clan del Golfo pasó de 5.500 hombres en 2022 a 10.000 en 2025 y de 145 a 310 municipios, y el Estado, vuelto su propio deudor, enfrenta 284.351 procesos con pretensiones por 807,55 billones de pesos; detrás de esas cifras hay un anciano sin su giro, una víctima sin reparación, una familia sin casa y un enfermo sin medicamento, y ninguno se alimenta de discursos.

Que no nos digan ahora que fue el establecimiento, ni el Congreso, ni los medios, ni una conspiración, porque los recursos estaban apropiados, las normas estaban escritas y las entidades estaban ahí: lo que faltó fue capacidad de gestión, y a un gobierno que se presentó como el más decente de nuestra historia hay que juzgarlo por lo que ejecutó y no por lo que denunció, que es precisamente donde se derrumba el relato, porque cuatro años bastaron para demostrar que la superioridad moral no reemplaza la capacidad técnica ni la indignación reemplaza la gerencia pública.

Bienvenidos, entonces, de vuelta a la oposición, que critiquen con dureza y sin descanso, porque es lo único que demostraron saber hacer bien; bienvenida la crítica.

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