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Domingo 25 de octubre de 2026 - 01:00 AM

A nuestro amigo Mauricio ‘Chinche’ Ulloa

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Querido Chinche: recuerdo que te conocí en 1982, gracias a Tata, tu hermana, quien era la novia de mi vecino Javier Enrique García; lo acompañaba a marcar tarjeta en el hermoso barrio La Aurora, íbamos a algunos bailes juveniles y de paso saludaba a tu mamá y a tu abuelita, fieles hinchas del querido Atlético Bucaramanga. Tu mami era muy amiga de los jugadores argentinos que arribaron para reforzar el equipo; cómo olvidar al ‘Cañón’ Landaburo, al ‘Nene’ Díaz, al ‘Negro’ Miguel Oswaldo González quien llegó pisando duro en el fútbol colombiano y ese año se quedó con el Botín de Oro que entregaba Seguros Bolívar. Miguel todavía niega que salía a bailar con todas esas veteranas amigas de tu mamá, junto a Daniel ‘El Perro’ Killer, Omar Alegre y ‘El Mono’ Guibaudo, en un apartamento del mismo barrio tuyo. Se tomaban sus rones, se divertían y nosotros felices de saludarlos; nos causaba gracia ver a Killer bailando salsa con esos zapatos combinados: mitad café, mitad blanco. Estoy seguro que los payasos del Circo Hermanos Gasca, no se los hubieran puesto.

Ustedes llegaron a la Universidad Autónoma de Bucaramanga en febrero del 85; yo ya cursaba cuarto semestre y el alma mater era nuestra casa de estudio y pensamiento, tertulias, jolgorio, fiestas, chistes y amistad inigualable. Conformaron el famoso equipo de Panelitas, mientras que yo había vestido las camisetas de ‘Los Teetetos’, ‘Los amigos de su hermana’, ‘Los que no llamó Norberto’ y ‘Correveydile’. Eran equipos que competían, teníamos buenos jugadores, pero siempre nos eliminaban. A medida que pasaban los meses, me acerqué al grupo de ustedes y de una me aceptaron; ahí estaban bombones hermosos como Claudia Peñuela, Ana María Peña Stunkel, Anita Peña, mi pariente Ximena Manrique Nassar, Patricia Leona Santos, quienes eran parte de la barra del equipo y siempre iban a vernos jugar. Mi transferencia no les costó un solo peso y eso que yo era un jugador pretendido por varios equipos; bastó una reunión en las graderías de la plazoleta de la UNAB y listo. Firmé por mis últimas tres temporadas un contrato que hasta el día de hoy no se ha vencido: ¡el de la amistad eterna!

Todavía recuerdo la nómina de aquel maravilloso equipo del Torneo Interroscas: el arquero era Jairo Solano; los defensas Lucho González -mi hermano del alma- y el suscrito. De ahí para adelante era una orquesta; Sergio ‘Cheyo’ Pinzón, tu primo Fernando Peña, Sergio Gómez, Jorge Camacho, Jairo Correa y adelante los dos mejores jugadores que tenía la universidad: Darío ‘Lali’ Mantilla y tú, por supuesto. Jairo, Lucho y yo, éramos como esos defensores del Unión Magdalena de la década del 70, pegábamos sin que el partido hubiese arrancado. El profesor Norberto Anaya me decía: “Pipe, usted arranca con amarilla”. Recuerdo esos clásicos contra Servicios y Asesorías, La Rectoría, Rangel Autos, Pérdidas y Ganancias, equipos que tenían jugadorazos de la talla de Carlitos Soler, Mónoga, ‘el Grillo’ Cáceres, Juan Pablo Nieto, los hermanos Arizmendi, Miguel Ángel Pedraza, Holguer Reyna, Richi Suárez, Juan Carlos Rueda, Chucho Uribe, ‘Paquetico’ Riveros, Mario Peralta, ‘Mis Ojos’, ‘El Negro’ José, José Carvajalino y José Luis García entre miles. Me quedo corto, la lista es larga. Fuimos campeones y alcanzamos dos subtítulos. Jamás olvidaré un par de cosas: el partido en el que hice un golazo de media distancia y le sacudí la red a Toño Corzo; esa noche casi se cae la universidad; me abrazaste en medio de cincuenta personas que nos cayeron encima. Recuerdo tu golazo en la final cuando picaste el balón desde el tiro de esquina y la metiste con efecto al otro palo. ¿Cómo hiciste? Nunca lo supimos, eras un mago, el mejor de todos los tiempos. Sin olvidar a Mauricio Rodríguez, el popular ‘Boyacá y a Eduardo ‘el Cucho’ Landínez, nuestros técnicos, quienes siempre iban prendidos a la cancha. Tampoco olvido a Alvarito Sarmiento y a Virgilio Hernández, eran parte de nuestra barra.

Chinche querido: Le pedimos a Dios que te recuperes pronto, de esta salimos juntos. Todo el equipo de Panelitas recuerda tus goles, túneles y gambetas. Te queremos mucho; nunca olvidaré tu apoyo cuando fui presidente del Consejo Superior Estudiantil, esa historia la contaré después. Un abrazo grande, ¡Panelita por siempre!

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