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Domingo 25 de octubre de 2026 - 01:00 AM

¡Advertidos estamos!

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olombia conoce las consecuencias de 2021. El estallido social dejó bloqueos, violencia, destrucción y ataques a la Fuerza Pública. Aquella crisis terminó favoreciendo políticamente a Gustavo Petro y contribuyó a su llegada al poder. Hoy, el expresidente está preparando un gran paro nacional y organizando la maquinaria del Pacto Histórico para que su partido regrese al poder. Esta semana se reunió con congresistas, concejales y ediles de Bogotá y anunció en un trino su estrategia de movilización social y electoral.

Petro comprobó que no es dueño de las calles. Durante su administración nunca reprodujo la capacidad de convocatoria que tuvo como opositor. Sin embargo, subestimarlo sería un error. Un estallido funciona como un incendio: no hace falta controlar todo el bosque; a veces basta una chispa.

A esto se suman dos advertencias. Un día antes de la segunda vuelta, la revista Semana reveló un informe de inteligencia sobre posibles planes para promover un nuevo estallido si Abelardo de la Espriella ganaba, mencionando estructuras urbanas del ELN y disidencias de las Farc. En agosto se conoció una segunda alerta de inteligencia internacional sobre posibles acciones de desestabilización mediante bloqueos.

Son advertencias que deben verificarse rigurosamente. No prueban vínculos directos entre esos grupos y los organizadores del paro, pero tampoco pueden ignorarse.

En 2013, Juan Manuel Santos afirmó que el paro agrario no existía. Aquella frase quedó como símbolo de un gobierno que subestimó la crisis. ¡Grave error! El actual Gobierno tiene que anticiparse, fortalecer la inteligencia, prevenir la violencia y garantizar la protesta pacífica.

De La Espriella heredó una grave crisis económica y social, agravada por las decisiones de gasto del gobierno de Petro, que dejaron las finanzas públicas deterioradas y enormes necesidades por atender. Resolver estos problemas tomará tiempo y recursos que hoy escasean, pero la magnitud de la crisis no puede convertirse en excusa para dejar de actuar.

¿Dónde estaban las centrales obreras y Fecode durante los últimos cuatro años? Guardaron un silencio cómplice frente a las crisis que golpearon a los colombianos. Es más, algunas de sus propias decisiones contribuyeron a agravarlas. Ahí está el caso de Fecode, cuyas directivas respaldaron el nuevo modelo de salud del magisterio, hoy sumido en una crisis que pone en riesgo la salud y la vida de miles de maestros y sus familias. ¡Qué cinismo pretender presentarse como ajenos a las consecuencias y ahora llamar a las calles contra el nuevo Gobierno!

Aquí está uno de los mayores desafíos políticos. No se puede permitir que Petro y el Pacto Histórico se aprovechen de las necesidades y la inconformidad de los colombianos para recuperar el poder, especialmente cuando parte de esos problemas tiene su origen en decisiones de su propia administración.

No basta con recordar quién dejó los problemas. Hay que atenderlos. El Gobierno ya está recorriendo las regiones, pero necesita llegar mucho más a las bases, escuchar a las comunidades, trabajar con las juntas de acción comunal y acompañar a quienes llevan años esperando soluciones.

La gente necesita respuestas, incluso cuando no haya recursos para resolverlo todo de inmediato. Muchos problemas requieren gestión, coordinación, funcionarios capaces y decisiones oportunas, no necesariamente inversiones millonarias. Aunque las soluciones tomen tiempo, los ciudadanos deben sentir que las autoridades están presentes, la escuchan y trabajan para resolver sus problemas.

También hay que evitar las peleas innecesarias que desgastan el capital político. Cada esfuerzo debe concentrarse en gobernar y recuperar la confianza de los ciudadanos.

¿Y los demás partidos? ¿Dónde están sus dirigentes? No pueden aparecer únicamente para pedir votos. La organización territorial exige trabajo permanente. Las elecciones regionales de 2027 serán la cuota inicial de la disputa por el poder en 2030.

¡Advertidos estamos! Petro ya empezó a organizar a los suyos. El Gobierno ha comenzado a enfrentar los problemas del país, pero no puede descuidar el frente político ni subestimar la capacidad de movilización de sus adversarios. Colombia ya conoce las consecuencias de hacerlo.

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