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Domingo 25 de octubre de 2026 - 01:00 AM

El legado del amor incondicional

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Hay personas especiales que tienen el don de amar sin condiciones. Personas que con una mirada transmiten fortaleza y seguridad, y que con una palabra pueden hacer que vuelva la calma y desaparezca la tristeza. Estas personas, tienen una capacidad extraordinaria para convocar a sus seres queridos, porque es a su alrededor que se construye el hogar. Yo tuve la fortuna de conocer a la más especial de todas. Una mujer que me invitó con el amor que solo una madre conoce, a hacer parte del tesoro más preciado de su existencia: su familia.

Ella, tan malcriadora y alcahueta, siempre estuvo presente para orientarnos cuando perdíamos el norte, y para celebrar nuestros triunfos por más pequeños que fueran. Sus enseñanzas sobre la vida y las cosas importantes siempre estuvieron acompañadas de una sonrisa, una mirada dulce y un abrazo apretado. Nunca le conocí una mala palabra, porque no había espacio en su corazón para los malos sentimientos.

Tuve muchas conversaciones con ella sobre la vida, sobre el amor, sobre los sueños cumplidos y los que aún están pendientes por cumplir. Una soñadora, agradecida con Dios por tantas bendiciones, pero siempre con un nuevo proyecto para garantizar la prosperidad y la abundancia de los suyos. No he conocido en mi vida una persona más feliz de compartir sus cosas con sus seres amados. Muchas veces tuve que ser cuidadoso para decirle que me gustaba algo que ella había comprado, por el alto riesgo de que me dijera “Toma, yo te lo regalo”.

Un día, con un abrazo y sin decir una sola palabra, me abrió la puerta de su hogar. Ese día supe que mi vida había cambiado para siempre porque había recibido una invitación llena de grandes responsabilidades; ser parte de su familia significaba convertirme en parte de su legado. Un compromiso ineludible de solidaridad y de apoyo incondicional a todos los miembros de este selecto grupo. Entrar, significaba amar sin condiciones a todos los que se sentaran en esa mesa y siempre velar por el bienestar de la familia.

La Mami Nelly, una mujer imposible de reemplazar, nos entregó en vida un manual para tener una vida plena y en abundancia. Nos enseñó que dar es más gratificante que recibir, que la felicidad está en compartir, y que siempre habrá un bocadito para esa persona especial. Tenemos el compromiso de honrar sus enseñanzas, y la responsabilidad de cumplir las promesas que le hicimos. Por mi parte, siempre la tendré presente, en mi mesa, en mi familia y en mi hogar.

Mami Nelly, dejas en nosotros el legado del amor incondicional.

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