Publicidad

Columnistas
Domingo 08 de noviembre de 2026 - 01:00 AM

Defender lo indefendible cuesta elecciones

Compartir

En días recientes han surgido varias denuncias (no es solo una) según las cuales, presuntamente, el expresidente Petro (hombre casado al momento de los hechos) negociaba favores sexuales a cambio de contratos millonarios con el Estado. Quisiera dar mi opinión al respecto. Primero, lo que está en juego no son los gustos sexuales ni la vida privada del expresidente (pues eso pertenece al ámbito de su intimidad personal y de sus convicciones morales), como lo han argüido sus seguidores, sino la defensa de las finanzas públicas (es decir, nuestro dinero) y la coherencia frente a los electores. No hay justificación alguna, desde ninguna perspectiva, para que se considere como un asunto personal, o como una transgresión menor, otorgar contratos estatales por favores sexuales. Esta acción (no la infidelidad, no el goce de su sexualidad, no el intercambio de dinero por sexo en sí, sino que haya sido con dineros públicos) es tan delicada que es un delito grave.

Segundo, debo confesar que me falta todavía mucha lectura para formarme un juicio fundamentado sobre si la prostitución, por sí misma y por fuera de toda circunstancia, es o no violencia de género. Hay feministas que sostienen que la prostitución debe considerarse un trabajo y que, por tanto, puede aceptarse siempre y cuando se dé en ciertas circunstancias y sea regulada garantizando la dignidad de la mujer que ofrece dichos servicios. Otras, en cambio, también con buenos argumentos, señalan que la prostitución debe abolirse en todos los casos porque es, por sí misma, una violencia de género. Ahora bien, varios defensores del expresidente arguyen que si hubo un intercambio de dinero por sexo (evitan mencionar que esto es el significado de prostitución), no es un hecho grave ni es violencia de género, porque medió la voluntad de dos adultos y que, de nuevo, es algo de la vida íntima del exmandatario. Pero, y esto es grave, le suman a lo anterior juicios peyorativos contra la mujer que afirma que participó en la negociación y que se atrevió a denunciar. Es inadmisible concluir que si el que ofrece dinero público (contratos millonarios con el Estado) es un dirigente de izquierda (como el expresidente) no es violencia de género, pero si lo hace otro sí lo es. Además, ¿juzgar a la mujer que participó en la negociación, pero exculpar al varón, no es una violencia de género por sí misma?

Finalmente, reitero algo que he escrito en mis columnas desde hace un tiempo: la oposición de izquierda al gobierno de derecha de Abelardo es urgente y necesaria. Esto es algo sano para la democracia. Sin embargo, mientras la izquierda defienda lo indefendible (no solo en este caso, recordemos, por ejemplo, a Juliana Guerrero, condenada por la justicia penal colombiana), mientras Petro lidere la oposición, nunca podrá hacerse la oposición que el país requiere, porque cada vez que él denuncie algo, el gobierno le sacará en cara alguno de sus escándalos, con lo que desviará la opinión pública de lo denunciado.

Para que la izquierda retome el poder en cuatro años, se requiere que la oposición la lidere alguien que no genere tanta controversia, que no tenga tanto rabo de paja. Es preciso un relevo generacional en la oposición, dar paso a nuevos liderazgos. Si se quieren ganar las próximas elecciones presidenciales, será necesario que la izquierda reconozca errores (¿por qué tanto miedo a hacerlo?), que no excuse lo inexcusable y que abandone la idolatría en la que ahora está atada, para que así pueda sumar a los electores de centro (que son imprescindibles para derrotar en las urnas a la derecha), dado que estos exigen coherencia, a la vez que a ellos les da pánico el fanatismo idolátrico que ahora quiere defender lo indefendible.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día