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Domingo 08 de noviembre de 2026 - 01:00 AM

Subrayo la palabra dignidad

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No hay muerto malo, dice el adagio popular, pero hay de aquellos que, cuando dejan de existir físicamente, resignifican el sentido de lo que fueron en vida. El fallecimiento de Antonio Navarro Wolf, el domingo pasado, es un buen ejemplo y, a la vez, una paradoja de los tiempos que vivimos. En medio de las discrepancias de una sociedad polarizada, en donde nos señalamos unos a otros con el dedo acusador, la partida del desmovilizado guerrillero del M-19, segundo comandante de este grupo insurgente que hizo la paz, víctima en carne propia de un atentado contra su vida y uno de los copresidentes de la Asamblea Nacional Constituyente, en 1991, generó las más sentidas reacciones, al unísono, del país político.

Navarro encarnó la lucha rebelde, se sometió a honrar la palabra luego de dejar las armas y descolló una carrera pública que lo llevó, incluso, a ser una figura de peso desde su vertiente ideológica que acarició la presidencia de la República hasta que, como ha solido suceder en este país, su carácter de hombre ponderado que se la jugó por participar en democracia terminó cediendo a otra clase de liderazgos que, justo en el momento de su desaparición, nos tienen hablando de una cualidad que, pareciera, no está en el catálogo de quienes se dicen ser servidores públicos.

Fue inevitable comparar el sentimiento que despertó la muerte del político nariñense, con un pasado revolucionario, frente a la estela de escándalos que dejó su excompañero en armas, Gustavo Petro, a su paso por la primera dignidad del país -subrayo la palabra dignidad- que pone un continente de distancia entre uno y otro y que, como lo dije al inicio, resignifica ese valor que se escribe con g de grandeza.

Y como la historia se encarga de poner las cosas en su justa proporción, el mundo recibió una bocanada de aire fresco luego de las elecciones de mitad de mandato en los Estados Unidos, llevadas a cabo este martes 3 de noviembre, vistiendo de mayoría demócrata el Congreso de este país, en ambas cámaras, devolviéndole la dignidad -sí, de dignidad- a las minorías de esa gran nación y resignificando el valor que tiene, con todas sus imperfecciones, la democracia.

Estados inexpugnables de fuerte tradición republicana, como Texas, que perdieron escaños en el Capitolio, las primeras gobernadoras afroamericana en Georgia y nativoamericana en Nuevo México, los primeros senadores electos gay y musulmán y la suma de más de ciento cincuenta mujeres que alcanzaron un lugar en el órgano legislativo, entre otros resultados impensables, son muestra de que el voto tiene todo el poder para notificar a los extremos de que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista.

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