jueves 13 de agosto de 2020 - 12:00 AM

La ira del Líbano

Líbano enfrenta el desafío de que cualquier reconfiguración del poder establecido, y los intereses externos, desencadenen una guerra civil.
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La tragedia del Líbano trasciende la dantesca explosión que estremeció Beirut y tienen elementos que hoy vemos en todo el mundo: la fatiga de la gente con la corrupción y sus exigencias de protección social.

Aunque la irresponsabilidad de Trump, quizás queriendo cargar contra Irán, insinuara que se trató de una acción terrorista, todo indica que la explosión fue producto de la negligencia del gobierno de Hassan Diab. La crónica de una tragedia anunciada, pues desde hace dos años, las autoridades sabían que esas 2.750 toneladas de nitrato de amonio, traídas por un barco ruso, estaban almacenas sin cumplir las normatividades internacionales.

Fue el estopín que detonó la ira de una población que viene protestando desde octubre y que, tras el confinamiento por la pandemia, volvió a las calles para rechazar la corrupción del régimen; la falta de servicios públicos, o impuestos como el que el gobierno intentó imponer a las llamadas por WhatsApp. El problema de fondo es el fracaso del sistema político instituido con el acuerdo de Taif (1989), que puso fin a 15 años de conflicto interno y en virtud del cual, cristianos maronitas y musulmanes sunitas y chiitas han monopolizado el poder y la riqueza condenando a los libaneses a la miseria.

La destrucción del puerto de Beirut no solo profundiza el colapso de una economía dependiente de los ingresos por servicios portuarios, sino que podría llevar a un desabastecimiento de bienes esenciales como trigo y combustibles.

Al mismo tiempo, la necesidad de recursos para asistir a más de 5000 heridos y 300.000 dignificados; lo mismo que para la reconstrucción, estimada en US$4000 millones, facilitará la interferencia no solo de Irán sino de Francia, de quien el Líbano se independizó en 1943; los Estados Unidos y el FMI. No fue casual que Macron se adelantara a la Unión Europea en la oferta de ayuda humanitaria y económica.

El anhelo de los libaneses de un gobierno para la nación y no para una élite corrupta enfrenta el desafío de que cualquier reconfiguración del poder establecido, y los intereses externos, desencadenen una nueva guerra civil.

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