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Eduardo Pilonieta Pinilla
Viernes 21 de diciembre de 2018 - 12:01 AM

Feliz Navidad

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Publicado por: Eduardo Pilonieta Pinilla

Muchos años después, los romanos celebraban el 25 de diciembre las fiestas del dios Apolo o el nacimiento del Sol Invicto y al producirse la conversión del imperio, en el siglo IV, se adoptó esta como la del nacimiento de Jesucristo, haciendo una transición pacífica del paganismo al cristianismo, pues se consideraba que Jesús era también un sol invicto a la luz de la teología. Hoy se acepta la existencia de un Cristo de fe y un Cristo histórico respecto del cual se discute hasta su propia existencia, pero de acuerdo con el primero nació en Belén, para los cristianos el 25 de diciembre y para algunos ortodoxos, como los rusos, el 7 de enero por aquello de la existencia de los calendarios Juliano y Gregoriano.

Sobre esta premisa de fe y por mandato de Doña Clementina Caicedo Vélez, matrona bogotana propietaria del Colegio de la Enseñanza, el franciscano quiteño, Fernando de Jesús Larrea, en el año de 1743, escribió una novena para rememorar cada uno de los meses del embarazo de María y el nacimiento del niño Jesús, conocida hoy como de aguinaldos, la cual se propagó por Venezuela, Ecuador y Colombia gracias a las prédicas, una religiosa de la Orden de los Hermanos de los Pobres de Santa Clara, la Madre María Ignacia, Bertilda Samper Acosta, hija de Soledad Acosta de Samper, la revisó, le agregó los gozos y la publicó, convirtiéndola en la oración que todos conocemos hoy. Esta práctica público-religiosa fue tomando fuerza hasta terminar convirtiéndose en unos carnavales, con actitudes que en su momento se consideraron moralmente inaceptables, lo cual obligó a la iglesia a reducirla a una vocación hogareña que solo podía practicarse en los templos o en el seno del hogar.

De todas maneras estas fiestas sirven de motivación primero, para reunir las familias en torno del pesebre, cuyo origen también se remonta a los tiempos de San Francisco de Asís, facilitándose las expresiones de admiración, respeto y afecto por los mayores y de ternura por los niños así como también, como mecanismo de promoción del comercio tal como se observa acudiendo a cualquier centro comercial, por aquello del regalito.

Reciba usted, amable lector, un abrazo de ¡Feliz Navidad!

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