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Felipe Zarruk
Domingo 25 de octubre de 2020 - 12:00 AM

¡Cargué a mi hermano antes de morir!

Publicado por: Felipe Antonio Zarruk Diazgranados

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Gracias a Orlando Morales a quien todo el sector futbolístico de Bucaramanga conoce como ‘Pocheche’, logré conseguir a José del Carmen Arango Narváez, un samario criado en el barrio Pescaíto, la cuna y el acuario de grandes jugadores del balompié colombiano como su hermano el maestro Alfredo, con el cual crecieron jugando en las polvorientas y destapadas calles de un barrio fundado en los primeros años del siglo XX.

Los Arango Narváez nacieron en el hogar de don José del Carmen y doña Priscila, que en total eran cuatro hijos, ellos y dos mujeres que viven con su mamá en Maracaibo, la cual tiene 95 años y sigue muy campante.

Su padre los abandonó y a medida que José del Carmen y Alfredo jugaban al fútbol en la cancha que varios vecinos del sector construyeron en febrero de 1954 en un terreno que pertenecía a la Curia de Santa Marta, una cancha cuyos arcos fueron hechos de palos de coco que servían de porterías a un ‘templo sagrado’ el cual años más tarde se le conoció como la cancha de La Castellana.

Los espectadores se rendían ante la magia de los Arango, quienes tenían la herencia de su tío Carlos, un gran jugador que desfiló por Deportes Caldas, Deportivo Samarios, Millonarios, Santa Fe, Unión Magdalena y fue el primer jugador que recibió el apelativo de maestro. A José del Carmen lo ve un técnico paraguayo y lo lleva al Unión con el que sale campeón en 1968 bajo la dirección de Antonio Julio de la Hoz.

Era puntero derecho y cuando su hermano Alfredo llega al Bucaramanga, lo trae y se queda hasta 1977 cuando se devuelve a su ciudad natal. Aquí hizo dos goles de los 23 que anotó en su paso por canchas colombianas.

“Yo no jugaba mucho pero me divertía viendo a mi hermano y a ‘Papo’ Flórez, nadie les quitaba ese balón y Vilarete metía todo lo que le daban”.

La nostalgia le tocó el rostro como la brisa decembrina y su voz se llenó de espinas cuando habló de la muerte de su hermano Alfredo, el mejor jugador que sus ojos y nuestros ojos vieron.

“Lo cargué y lo acaricié unas horas antes de morir, era mi único hermano y fuimos muy unidos, sinceramente era el mejor. Se lo llevó un cáncer de pulmón hace 15 años”.

La tormenta tropical que inunda su corazón ‘pescaitero’ desapareció de un momento a otro cuando recordó que un día venían bajando por Morrorico en el carro de Vilarete. una vez salieron de La Piragua un sitio en donde abundaban las muchachas de minifalda y pierna gruesa. Descendían a gran velocidad y de un momento a otro el carro hizo un trompo y volvió a quedar en dirección a la salida para Cúcuta.

El loco Vilarete dijo:“no joda esto es una señal de que debemos regresar allá, vamos pa’esa”. Sus carcajadas espantaron la bruma de su nostalgia y ratificó que su hermano, ‘Papo’ Flórez y Jairo Arboleda fueron los mejores de la historia. Estoy de acuerdo con él.

Fuerte abrazo José del Carmen y gracias por los recuerdos.

Chao y hasta la próxima.

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