Publicado por: Isaí Fuentes Galván
Cuando éramos niños a muchos nos enseñaron a pedirles la bendición a los “papás señores”, a los “nonos”, a los “abuelos”. Era un ritual tan ineludible pedir la bendición a los ancestros, que de olvidarse era sutilmente recordado por nuestros padres.
-Bendición, abuelo-, decía uno con tono ceremonial.-
Dios lo bendiga, mijo.
En mi casa no solo era a los abuelos, sino a los tíos ricos. – Pídale la bendición a su tío-, decía mi mamá. Fue así como tuve que “voluntariamente” pedirle la bendición a cuanto pariente rico visitaba mi casa. Incluidos el tío Carmelo, al tío Luis, al tío Ramiro, el tío Aurelio “Yeyo” y hasta al primo “Cucho”, que en realidad no era tío sino primo de mi mamá, pero que como era rico, había que pedirle la bendición. Pues por estas épocas electorales está ocurriendo algo parecido.
Algunos políticos, alternativos y tradicionales, les están dando su “bendición” a figuras nuevas pero inexpertas de la política, sin la experiencia y el conocimiento necesarios para asumir la trascendental responsabilidad de representarnos en el Congreso y de hacer las leyes.
Tamaña irresponsabilidad tiene ya sus catastróficos precedentes a nivel local y nacional. Rodolfo Hernández y Álvaro Uribe son dos buenos ejemplos.
Es que para ser legislador no basta con haber sido personero del colegio, representante estudiantil o activista social o ambiental, se requiere mucho más que eso. Pensar lo contrario es contradecir la meritocracia. Imaginemos un activista ambiental o animalista en el Congreso votando temas como la reglamentación de la eutanasia, la dosis mínima o el aborto. ¿De qué le servirá al personero o al representante estudiantil haber recibido la bendición de su padrino político?; ¿qué cosmovisión filosófica, ideológica o jurídica podrá tener para formarse un criterio integral y votar responsablemente en representación de sus electores? Obviamente ninguna. Es que tener buenas intenciones y expresar el compromiso de luchar contra la politiquería y la corrupción no son suficientes para darle el poder a un “bendecido” de ir al Congreso a hacer leyes.
Que políticos “alternativos” como Rodolfo Hernández Leónidas Gómez o Fabián Díaz bendigan ahijados políticos no es garantía suficiente de que sus “bendecidos” tengan la experiencia y el conocimiento necesarios para asumir la trascendental tarea de legislar. Igual ocurre con los activistas. Que los alternativos bendigan jóvenes sin experiencia y conocimiento es tan reprochable e irresponsable como esos políticos que acosados por procesos penales bendicen a sus esposas e hijos para que vayan al Congreso.











