Columna de opinión del Movimiento Cívico Conciencia Ciudadana
Terminó la copa América, también la copa europea, previo al mundial de fútbol que se avecina en Norteamérica, en tiempo de medio año, antes de nuevos fichajes para reiniciar los torneos.
Con tanto fútbol me atrevo a hacer la paradoja del fichaje entre la política y el futbol colombiano, ese intrincado campo de los negocios y el fichaje que se hace público en cada equipo para rearmar sus planteles animados con el fanático y anhelado interés de ganar la copa y la conquista de los jugosos premios para sus integrantes.
Son dos cuerpos bien distintos en su naturaleza y objetivos. Veamos, el fichaje se aplica en los dos escenarios, teniendo en cuenta que el fichaje es la capacidad de vincular compromisos vinculantes bajo contratos a ordenes de la dirección de cada escuadra y sus estrategias de juego.

En el caso del futbol la vinculación y fichaje de cada jugador se fundamenta en el reconocimiento a los beneficios económicos individuales y mayores incentivos por sus talentos y resultados en la tabla de competición. La ganancia es fabulosa. Su éxito está en el yo, en jugar y ganar.
Por parte de la política colombiana el reconocimiento social del líder ya no se da a partir de su identidad política y programática como ciudadano vinculado a una colectividad, a un proyecto partidista con un programa que jura defender y respetar. Desapareció la sagrada membresía que distingue la capacidad de servir a la sociedad desde sus valores, conocimientos, propuestas y principios éticos del bien común.
Se inicia una nueva legislatura en el Congreso de la República, y la destorcida campeante es la corrupción por el afán del yo. A pesar de que el político siendo militante de un partido y un programa, tiene el privilegio de recibir del Estado un reconocimiento y pago garantizado de alto nivel, no contento, accede al fichaje de oscuros actores e intereses privados.

La representación democrática en Colombia tiende a desaparecer. Se ha ido descomponiendo, desvirtuando y dando paso a la concepción de fichaje y contratación turbia que convierte al político en goleador. Los grandes negociados y beneficios particulares compran la conciencia y las decisiones, cambian de camiseta y de principios como cambiarse la corbata con desfachatez y sin sonrojo, a espaldas de su propio partido y de sus electores, mientras la justica electoral lo mira como permisivo y normal.
Tiene sentido y justificación una profunda reforma constitucional, a la política y a la justicia, es inaceptable hablar de reforma de cambio para que todo siga igual. Es urgente poner fin al desafuero y afán de lucro personal de nuestra clase política de todos los colores.










