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Samuel Chalela
Viernes 02 de julio de 2010 - 10:00 AM

De meretrices y señoras

Europa recibe buena parte de las víctimas de 'trata' o tráfico mercantil de personas.

Publicado por: Samuel Chalela O.

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Y según cifras recientes de la ONU, el 84% de ellas son dedicadas a la explotación sexual. Aquí la profundización de la brecha social ha llevado a una gran parte de la población rural a desplazarse hacia las urbes, a donde llegan sin alternativas ni preparación, es decir, vulnerables a cualquier tipo de explotación. Claro, el servicio doméstico –sin prestaciones sociales, ni cobertura en salud o pensión y en condiciones de seudo-esclavitud, como lo conciben nuestras matronas aún feudales- es una de las alternativas. Las señoras pueblerinas de nuestras ciudades intermedias, expresan sin rubor su sorpresa por el 'atrevimiento de la india' que 'dizque quiere que la afilien y la dejen salir los festivos'. Pero también la mendicidad. Y, por supuesto, la prostitución. ¿No sabemos? o más bien ¿nos hacemos los gringos?. Un alto porcentaje de los enfermos, ancianos o los niños de los semáforos, pertenecen a una red de explotación que ya asume múltiples formas. Se alquilan bebés, se 'concesionan' esquinas o semáforos, se cobra cuota o peaje, se explota al discapacitado o al que padece una enfermedad visualmente impresionante.

La pobreza activa el problema de lado de las víctimas, pero del lado de los promotores están la represión y los tabúes sexuales que alientan ese submundo del tráfico clandestino de satisfacción sexual, y la caridad como paliativo ocasional que nos sirve de excusa para asumir en serio la responsabilidad social.

Según la ONU, la España todavía clerical y aún fustigada por su pasado reciente de represión y censura, tiene el porcentaje más alto de consumidores de prostitución (un 39% de los hombres españoles reconoce haber pagado por sexo), mientras que en Suecia, sólo el 13%. No sé si la escena de un prostíbulo deprime más por las mujeres que venden sus servicios o por la de quienes acuden a comprar con dinero lo que alguien entero está en capacidad de obtener libremente; generalmente los 'putañeros' tienen una muy pobre idea de sí mismos. La limosna que tanto promocionan los curas y que damos en los semáforos o a la salida de la iglesia, es la mejor forma de evadir las obligaciones sociales y lavarse la conciencia. Esas señoras que lamen altares y reparten mercados, no tienen afiliada a la 'sirvienta'.

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