Se quejan de la reiteración de contenidos supuestamente 'ofensivos' o 'inapropiados' en las telenovelas. Que mucho 'mafioso', tanta prepago, demasiado 'cartel', exceso de violencia y sexo explícitos. Puro aspaviento; la televisión, como cualquier otra representación artística o folclórica, es una reproducción de la realidad, cuya gracia está en la originalidad del lente o visión con que se enfoca.
Publicado por: Samuel Chalela O.
Entonces, nada de cuentos sobre contenidos 'ofensivos' o 'inconvenientes'; la censura ya no se usa. Los únicos que todavía creen que escondiendo, callando o ignorando se elimina la realidad, son los curas. Que alguien les cuente a esos tipos raros de sotana que la gente sí se divorcia, sí usa condón y píldoras, sí hay gays y lesbianas, sí hay mujeres capaces de decidir sobre su cuerpo, sí hay otras creencias.
Esa visión excluyente de la realidad, en la que solo los estereotipos merecen ser representados y las demás situaciones, las que se quedan por fuera del modelo no deben ser llevadas a ningún arte ni a ninguna pantalla, es ilusa y estéril. Los estereotipos son los que son 'ofensivos' y en nuestro 'tropicalismo' involutivo, las que llevan la peor parte son las mujeres.
Todos somos papás, socios, jefes, subalternos, profesores o estudiantes de mujeres extraordinarias. Y obvio, hijos de mujeres. En la TV las mujeres son mostradas como tontas, siempre dependientes y solo buscadoras de la atención de un hombre; la única representada con dignidad es la mamá. Eso no es realismo; quizás cuando más cruel puede ser un humano (incluso la mujer), es como progenitor. Alguna de las que lee esto ¿no estará casada casualmente con uno de esos tipos que a la única mujer que admiran con veneración es a su propia mamá? Esos generalmente son hijos de arpías victimizadas, 'culpabilizantes' y manipuladoras. La versión televisada de la mujer joven es la de un insecto simplón (hasta las malas son presentadas como insulsas) que se convierte en un ser respetable sólo cuando tiene un hijo. La pantalla está llena de 'puti-barbies' que persiguen compulsivamente la cópula o la billetera de un varón. En la vida real, el único lugar que las mujeres no han conquistado a pulso, es la jerarquía eclesiástica; vea qué casualidad. ¿Y nadie ha pensado que por la ruptura de los estereotipos es por donde debe empezar a combatirse la violencia de genero?











