Más allá de haber aceptado iniciar conversaciones con el Estado y enviado delegados a Ecuador a sentarse a dialogar, lo único que han recibido, eso sí real los colombianos por parte de ese grupo alzado en armas, es un incremento en los ataques terroristas y una escalada en el secuestro.
Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
Si el pragmatismo, pero sobre todo la realidad política y social fueran tenidos en cuenta en estos momentos por la administración de Juan Manuel Santos, la pregunta que plantea este espacio editorial se la debería formular el alto gobierno y de manera muy seria.
¿Razones para debatir si se debe persistir en las negociaciones de paz con la guerrilla del Eln? Muchas. Sobre todo si se considera la muy escasa voluntad demostrada por esa organización criminal para llegar a acuerdos con la sociedad y dejar sus armas, además del momento político que navega el Gobierno con niveles de aceptación históricamente bajos.
Sí. En cuanto al primer punto, es decir el deseo de paz del Eln, resulta de verdad alarmante que más allá de haber aceptado iniciar conversaciones con el Estado y enviado delegados a Ecuador a sentarse a dialogar, lo único que han recibido, eso sí real los colombianos por parte de ese grupo alzado en armas, es un incremento en los ataques terroristas y una escalada en el secuestro; práctica que además sus dirigentes insisten en que no abandonarán en el futuro cercano.
Ahora, por el lado de la situación actual de la administración de turno y sus cifras irrisorias de apoyo ciudadano, la situación no permite tampoco ser medianamente optimistas de que se tendrían las fuerzas suficientes para llevar el proceso a feliz término. Sobre todo después de terminar el tratado con las Farc, para el que se otorgaron concesiones para la mayoría exageradas y de haber condenado al país a tiempos económicos difíciles por la insistencia gubernamental de multiplicar los impuestos.
Además, alcanzar la meta en una negociación con la guerrilla más intransigente del continente implicará, tal como la historia cercana lo ha enseñado, hacer concesiones difíciles de digerir para el país entero, así como comprometer monumentales cifras del presupuesto nacional que en este momento no se tienen.
Así, dada la coyuntura, una gran mayoría de colombianos no estarían dispuestos a conceder lo uno ni lo otro y menos aún cuando este gobierno se encuentra a poco más de un año de concluir su mandato.
Las circunstancias, como puede verse, no son fáciles desde ningún ángulo desde donde se miren, razón por la que hay que reiterar la pregunta que debería formularse el gobierno de hasta dónde insistir en unos diálogos tan inciertos.











