Hay una dolorosa espina clavada en el fondo del corazón de muchas familias del área metropolitana de Bucaramanga: la muerte de un ser querido por la imprudencia de un conductor o un peatón.
Un informe de las autoridades de tránsito determinó que en los últimos 15 meses se registraron 1.189 accidentes de tránsito en solo 18 puntos críticos de Bucaramanga, Floridablanca, Girón y Piedecuesta. En estos percances, 59 personas perdieron la vida y 996 resultaron con lesiones. Estos siniestros responden a imprudencias al volante, a la falta de señalización y al mal estado de las vías.
Las cifras nos deben alertar. Los cuatro muertos y 66 heridos, que en promedio se registraron por mes en el área metropolitana, plantean un reto para quienes diariamente conducen un vehículo o cruzan una vía. ¿Qué tan frágil es su capacidad de respetar las normas de tránsito? ¿Qué tanta es su pericia al volante? ¿Con qué facilidad se permite un conductor, bajo cualquier pretexto, exceder los límites de velocidad? y ¿qué garantías ofrecen las vías del área metropolitana para conducir?
La gama de conductas reprobables que diariamente lesionan las normas básicas de la cultura vial nos dejan mal ubicados. Pareciera que subirse a un carro o una moto se convirtiera en una excusa para ser intolerante, irresponsable y violador de normas básicas de tránsito. Aquí nos cuesta trabajo, en muchos casos, entender al otro conductor o peatón, a quien lo vemos como un enemigo. ¿Ceder el paso? “Jamás, yo voy primero”, parece la consigna.
Luz Helena Zafra, experta en seguridad vial de la Universidad Nacional, aseguró en un informe publicado en Vanguardia que el 85% de los accidentes se podrían prevenir, bajo la condicionalidad de la pericia del conductor y las garantías que ofrezcan las vías. Preocupa además la importancia de construir políticas públicas que promuevan la educación vial y el fortalecimiento de la infraestructura. Dos áreas en las cuales los últimos gobiernos locales han perdido la materia.
Expertos afirman que muchos de esos 1.189 accidentes se hubiesen evitado con la modernización de la red semafórica, la correcta demarcación en algunas calles y el trabajo pedagógico con los actores viales. Campañas existen. Mensajes en medios se difunden. Cartillas con normas de tránsito se imprimen. ¿Qué hace falta? Muchos dirán conciencia. Sí. Lo que Antanas Mockus repite: “La vida es sagrada y no todo vale (por llegar deprisa)”. Parece sencillo, pero por favor, explíquenselo al próximo que conduzca un carro o una moto en esta ciudad.









