El caso de la Conectante C1-C2 evidencia que la falta de planeación adecuada y la negligencia en la ejecución de proyectos de infraestructura pueden ser desastrosos para el medio ambiente. Por eso, con toda justicia la comunidad de Floridablanca exige una respuesta clara y una acción concreta.
Publicado por: Editorial
La devastación ecológica provocada por la tala de más de 5.300 árboles en el proyecto fallido de la Conectante C1-C2 en Floridablanca es un recordatorio doloroso del precio que pagan nuestros entornos naturales por decisiones apresuradas y mal planificadas.
Este proyecto, que prometía ser una solución para la movilidad en el área metropolitana de Bucaramanga, ha dejado tras de sí nada más que un rastro de opacidad contractual y un desastre ambiental intolerable.
El Comité para la Defensa de los Cerros Orientales de Floridablanca ha sido incansable en su lucha por la preservación de la integridad de sus ecosistemas locales. Este grupo, compuesto por ciudadanos preocupados y conscientes, ha señalado, con razón, la falta de acciones claras y concretas por parte de las autoridades responsables.

A pesar de los esfuerzos del comité, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla) y las autoridades ambientales han permanecido en gran parte en silencio o han eludido sus responsabilidades con respuestas vagas.
Es inaceptable que después de años de promesas y de la evidente devastación, ni siquiera haya claridad sobre quién debe responder por la tala masiva de árboles y el daño a las quebradas y ríos de la región. Este es un claro caso de negligencia que no puede ser ignorado.
¿Cómo es posible que un proyecto avance sin un plan sólido de mitigación y compensación ambiental?
La Conectante C1-C2 fue presentada como una panacea para el tráfico pesado que circula por las vías del área metropolitana, sin embargo, desde su concepción fue objeto de críticas por parte de comunidades, ambientalistas y hasta de algunos gobernantes que veían con preocupación los daños irreparables que causaría a los cerros orientales y a las familias campesinas y propietarios de terrenos en la zona. No obstante, a pesar de estas advertencias, la construcción avanzó y con ella la tala indiscriminada de miles de árboles.
Las autoridades ambientales que debían proteger esta área permitieron la sustracción de 28,75 hectáreas de la zona de reserva del Distrito Regional de Manejo Integrado (Drmi) y otorgaron permisos de aprovechamiento forestal, a cambio de lo cual el concesionario entregó terrenos para la protección ambiental en el municipio de Tona. Sin embargo, este intercambio parece una compensación inadecuada ante la magnitud del daño infligido.
Las autoridades deben señalar responsables y mecanismos efectivos de compensación ambiental. La restauración de los ecosistemas afectados debe incluir la reforestación y la rehabilitación de las quebradas y ríos impactados, además de implementar medidas para asegurar que futuros proyectos de infraestructura tengan evaluación ambiental, antes de recibir luz verde.
El caso de la Conectante C1-C2 evidencia que la falta de planeación adecuada y la negligencia en la ejecución de proyectos de infraestructura pueden ser desastrosos para el medio ambiente.
Por eso, con toda justicia la comunidad de Floridablanca exige una respuesta clara y una acción concreta, pues es hora de que las autoridades actúen y cumplan con su deber de salvaguardar, sin más dilación, nuestro entorno natural.









