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Editorial
Lunes 20 de enero de 2025 - 04:24 AM

El Eln desprecia la paz

El presidente Gustavo Petro, quien desde el inicio de su mandato extendió una mano generosa al Eln, ha sido claro al denunciar la semana pasada, la falta de voluntad de paz de este grupo armado. Y tiene razón: el proceso de negociación de los últimos dos años no ha producido más que desencantos.

Publicado por: Redaccion Editorial

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Con sus recientes acciones criminales en el Catatumbo, el Ejército de Liberación Nacional ha vuelto a demostrar que, antes como ahora, su compromiso con la paz no es más que una farsa. Su terquedad y su incapacidad para honrar acuerdos ha sido una constante a lo largo de los años en los que se han burlado una y otra vez del Estado y de la ciudadanía que ha anhelado poner fin a la guerra. Hoy, la historia se repite porque el Eln ha traicionado nuevamente la confianza depositada por el gobierno y la sociedad.

El presidente Gustavo Petro, quien desde el inicio de su mandato extendió una mano generosa al Eln, ha sido claro al denunciar la semana pasada, la falta de voluntad de paz de este grupo armado. Y tiene razón: el proceso de negociación de los últimos dos años no ha producido más que desencantos, dejando en evidencia que el Eln no está dispuesto a renunciar a sus intereses ilegales, por lo que un amplio sector de la opinión piensa que la negociación no solo debería suspenderse, sino cancelarse definitivamente. Persistir en el diálogo con una guerrilla que carece de intención real de cesar la violencia, es perpetuar un espejismo que ya ha costado demasiado.

El Eln no tiene la organización, ni la capacidad militar, y mucho menos la autoridad moral o ideológica para justificar una guerra que tiene perdida hace ya muchos años. Su existencia como grupo armado no responde hoy a ideales revolucionarios ni a reivindicaciones sociales, sino a la conservación de negocios ilegales como el secuestro, la extorsión y la explotación del narcotráfico, lo que despoja de toda legitimidad cualquier discurso político que intenten sostener y los deja como un simple grupo armado ilegal que utiliza el conflicto para delinquir.

La reciente amenaza del Eln de intensificar su enfrentamiento con las disidencias de las Farc en el Catatumbo, es un acto de desprecio absoluto hacia los habitantes de la región y hacia todo el país, pues es una declaración de guerra no solo contra sus enemigos armados, sino también contra la población civil que ha sufrido durante décadas el flagelo de la violencia. Este tipo de anuncios no son más que una muestra de arrogancia y cinismo de un grupo que ha perdido toda capacidad de representar algún tipo de causa justa.

Nuevamente la generosidad con la que el pueblo respaldó el esfuerzo del gobierno en las mesas de negociación, ha sido traicionada y hoy lo que se pide es levantar la mesa de diálogo y que el Estado haga uso de toda su capacidad institucional para doblegar a un grupo armado que, más que una guerrilla, es un cartel que desangra al país.

La incapacidad del Eln para actuar con altura moral, así como su renuencia a pactar la paz, los define como una organización criminal que no merece más espacios de diálogo. Colombia necesita la paz, pero no a cualquier costo y mucho menos cuando el interlocutor ha demostrado repetidamente su desprecio por ella.

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Publicado por: Redaccion Editorial

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