Las veredas de la Mesa de Los Santos llevan años esperando intervenciones reales, no solo limpieza de cunetas, sino obras estructurales que resistan el paso del tiempo, además porque, si se hacen obras duraderas, el dinero del Estado queda mejor invertido y la productividad de las veredas crece significativamente.
Publicado por: Editorial
La reciente reunión entre la Gobernación de Santander, las alcaldías de Los Santos y Piedecuesta, y representantes de la comunidad marca un paso importante en la búsqueda de soluciones para las vías veredales de la Mesa de Los Santos, que han estado esperando durante años y que en la pasada administración del peaje fue totalmente infructuosa.
El acuerdo alcanzado ahora, que prioriza la inversión de recursos recaudados en el peaje de La Punta, es un avance que debe celebrarse, pero también vigilarse con rigurosidad, pues no basta con anunciar millonarias asignaciones, cuando lo que la comunidad espera es ejecución eficiente, transparente y, sobre todo, la garantía de que los compromisos se cumplan.
Los cerca de 3.762 millones de pesos recaudados en el peaje hasta abril son una muestra del potencial que tiene este mecanismo de financiación si realmente se usa para transformar la infraestructura rural. La decisión de invertir 2.100 millones de pesos en la operación de la caseta y 1.400 millones de pesos en el mantenimiento de vías terciarias cercanas al peaje es un primer paso necesario, por supuesto, pero insuficiente.
Las veredas de la Mesa de Los Santos llevan años esperando intervenciones reales, no solo limpieza de cunetas y reparaciones superficiales, sino obras estructurales que resistan el paso del tiempo, además porque, si se hacen obras duraderas, el dinero del Estado queda mejor invertido y la productividad de las veredas crece significativamente.
El gobernador Díaz Mateus ha insistido en la importancia de un mantenimiento que vaya más allá de lo básico, priorizando alcantarillas, pavimentación y tecnologías que alarguen la vida útil de las vías; este es el enfoque acertado, pues, obviamente resulta más rentable y sostenible intervenir 10 kilómetros con calidad, que 50 con soluciones efímeras. Sin embargo, esta intención debe traducirse en contratos bien estructurados, con plazos claros y supervisión constante para evitar sobrecostos, retrasos o, peor aún, obras mal ejecutadas.
Es igualmente importante que, así como se han priorizado las vías cercanas al peaje, no se olvide al resto de veredas que enfrentan las mismas dificultades. La pavimentación de sectores como La Laguna, en Los Santos, y otras vías en Piedecuesta, no puede quedarse “en veremos”. La comunidad ha sido paciente, pero su paciencia no es infinita. La Gobernación y las alcaldías deben demostrar que este no es otro proyecto más que nace con entusiasmo y muere en la burocracia.
El comité interinstitucional tiene ante sí una oportunidad histórica para cambiar la cara de la ruralidad en esta importante zona de Santander, pero su éxito no se medirá por los montos asignados en reuniones, sino por el pavimento de calidad puesto en las carreteras, por el flujo sin obstáculos de campesinos y productos, por la reducción de accidentes y horas perdidas en traslados, por el crecimiento del turismo.
En síntesis, lo que debe quedar claro para todas las partes es que se debe celebrar el compromiso, pero exigir su cumplimiento y que el gobierno departamental esta vez convierta esa esperanza en realidad.











