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Editorial
Jueves 05 de noviembre de 2026 - 01:00 AM

El caos sigue venciendo a la autoridad

Publicado por: Editorial

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Acabamos de pasar otro 31 de octubre con el mismo balance, pues los motociclistas impusieron su voluntad, las autoridades fueron desbordadas y buena parte de la ciudadanía quedó atrapada en el caos, es decir, repetimos el mismo libreto que se representa año tras año con una precisión que termina siendo ofensiva. Quienes participan en estas demostraciones saben con certeza cómo actuarán y qué esperarán las autoridades. Estas, a su vez, parecen responder con el mismo repertorio de medidas que ya han demostrado su ineficacia. El resultado es siempre desorden, enfrentamientos y una imagen institucional deteriorada.

Así las cosas, lo ocurrido esta semana no es más que la consecuencia previsible de una estrategia que se aplica sin variaciones y que produce, invariablemente, los mismos efectos, pues los motociclistas ocupan las calles, las autoridades intentan contenerlos y todo esto deriva en choques cuerpo a cuerpo, en los que la fuerza pública es agredida, su autoridad es desafiada y, en medio de la refriega, se producen excesos en el uso de la fuerza que quedan registrados en video, se difunden masivamente y crean un escándalo que debilita aún más la legitimidad de quienes tienen la responsabilidad de mantener el orden.

Lo que sería bueno que entendieran o aceptaran nuestras autoridades es que la reiteración de un libreto conocido deja de ser una estrategia para convertirse en una costumbre y las costumbres, cuando producen daños reiterados al interés general, deben replantearse. Por supuesto que no se trata de justificar los excesos de quienes participan en estas caravanas ni de minimizar el impacto que tienen sobre la vida cotidiana de miles de personas, sino, muy por el contrario, la idea es reconocer que el enfoque actual no ha funcionado, por lo que insistir en él constituye una decisión, cuando menos, negligente.

Propiciar un encuentro y un diálogo con quienes organizan estas concentraciones es una vía que bien podría considerarse si se establece contacto con los organizadores desde ahora, dado que, si se produce el acercamiento con meses de anticipación, es posible acordar recorridos, horarios y reglas básicas que permitan que se dé la manifestación sin perjudicar a la ciudadanía. El cambio de enfoque del que hablamos implicaría entonces pasar de la prohibición de una actividad a su realización, pero dentro de los límites necesarios para proteger a quienes no participan, además de que se eviten los enfrentamientos callejeros.

Puede parecer un poco complaciente la estrategia, pero lo cierto es que hasta ahora el único que ha avanzado año tras año es el caos, lo que, con un diálogo previo, serio, creativo y dándole la primacía a la ley, que es lo que debe ser, puede reducir, incluso hasta eliminarlos, los niveles de conflicto. No son concesiones y menos claudicaciones; se trata de reconocer que la confrontación directa solo hace que la fuerza pública quede desgastada, los participantes se expongan a riesgos innecesarios y la ciudadanía pague los costos del desmadre.

Publicado por: Editorial

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