Comunera
Sábado 13 de agosto de 2011 - 07:11 PM

Desenterrando el tesoro de la felicidad

Un mago hizo realidad el mito más popular en Contratación: levantó la piedra de la felicidad y mostró la marioneta que ‘El Capitán Segreda’ guardó hace más de cien años bajo un conjuro en el parque del pueblo. ¿Murió para siempre esta bella historia? Ningún contrateño se atreve a afirmarlo. El pueblo volverá a realizar el mismo ritual para regresar el muñeco a su lugar.

Buscando el muñeco de la felicidad de contratación. (Foto: Archivo/ Vanguardia Liberal)
Buscando el muñeco de la felicidad de contratación. (Foto: Archivo/ Vanguardia Liberal)

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Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ

La bocina del viejo bus intermunicipal que trae a los contrateños desde El Socorro, sonó, anunciando lo esperado: La llegada de ‘El Mago’, un personaje de larga cabellera, de abdomen predominante, de rostro blanco y ojos marcados; con un sombrero y capa color negro y rojo que guardaba su toque místico.
Repetía así este joven mago la historia de su bisabuelo, El Capitán Segreda, quien un siglo atrás llegó a este municipio, según cuentan sus ancestros, con un colorido circo, lleno de magia, a cautivar a las personas azotadas por la ‘lepra’ (enfermedad de Hansen) y a los ‘sanos’, lugareños que compartían sus días con las víctimas de la fatal enfermedad.

El reloj de la iglesia principal de Contratación sonó a las 7:00 en punto de la noche del 22 de enero. El vehículo se detuvo y unos cuantos campesinos de sombrero y abrigo se bajaron ignorando lo que sucedía. Fueron alumbrados por las luces y el flash de las cámaras de televisión y de fotografía, al mejor estilo de una alfombra roja. Despavoridos tomaron su maleta y huyeron del lugar.

Apenas puso un pie en el pueblo, ‘El Mago’ llenó de alegría a los niños, de sentimiento a los adolescentes, de esperanza a los adultos casados y solteros, de impotencia a las autoridades eclesiásticas, de curiosidad a los turistas y de temor a las generaciones que heredaron de primera mano esta maravillosa historia: los ancianos y enfermos de Hansen.

Esa misma energía fue transmitida por El Capitán Segreda diez décadas atrás a los aldeanos, a quienes sorprendió en su primera función, cuyo valor era de 50 centavos, haciéndose enterrar en la plaza del pueblo durante días y luego emergiendo de las profundidades como si nada pasara. Pero en el presente el acto era gratuito. La gran fiesta amenizada por el colorido de los matachines y la papayera del Colegio Industrial, comenzó con unos cuantos seguidores y después se tornó en un multitudinario carnaval bajo las estrellas y la brisa fría que abrazaba al pueblo.

Desde las puertas y balcones de las casas se asomaban los merodeadores. Algunos incrédulos, pero a la vez llenos de curiosidad, se escondían detrás de los que apreciaban el desfile. Otros por su discapacidad, especialmente las personas enfermas de Hansen, en muletas y sillas de ruedas no tuvieron más opción que verlo desde los andenes.

El bisnieto de ‘El Capitán Segreda’ ya estaba en Contratación y venía a dar vida a la leyenda que transcendió todos los rincones de Santander: el mito de ‘La piedra del matacho de la plaza’ o ‘La piedra de la felicidad’.

Mientras ‘El Mago’ se desplazó anunciando su llegada, muchos aprovecharon para posarse en las esquinas y debatir la historia de la piedra de la felicidad,
Unos aseguraron que cuando el circo de Segreda acabó sus funciones, dejó tanta alegría y felicidad entre la comunidad, que ésta armó una revuelta para impedir su salida y la de sus artistas.

Otros narran que ‘Segreda’ no tuvo ningún problema con los contrateños, pero que no se pudo ir sin realizar un conjuro para que los visitantes se amañaran y regresaran al pueblo.

Cualquiera de las versiones dejó en la mente de los aldeanos el mismo final. Segreda, además de su conjuro, enterró una marioneta o muñeco debajo de la piedra de la felicidad. Posado sobre ella, prometió a los contrateños que por siempre vivirían felices, y que cualquiera que los visitara, si lo obligaban a pisar la roca, regresaría.

La algarabía no dejó que el grupo de hombres siguiera recordando la historia. Se detuvieron y regresaron al coliseo para hacer parte de la fiesta.
Después de una corta intervención de ‘El Mago’, de algunos actos de malabarismo, de presentaciones de grupos de danzas y de anunciar el desenterramiento del domingo, los contrateños partieron hacía sus casas más pensativos que nunca.

Para muchos, esta seguía siendo simplemente una leyenda popular; para otros, el mito que se convertiría en un hecho real. Lo único cierto es que, ese fin de semana, los trabajos y conjuros de un descendiente de Segreda la iban a hacer realidad.
 
El domingo de la verdad
A las 8:00 de la mañana comenzó la peregrinación de curiosos alrededor de la plaza del pueblo. Nadie podía acceder, pues el lugar se encontraba cerrado por las obras de remodelación. Sin embargo, desde el atrio se podía ver que el grupo de funcionarios de la Alcaldía y de seguidores de la historia preparaban todo para el desenterramiento.

A las 11:00 de la mañana debía comenzar la fiesta. A pesar de estar todo cronometrado, existía temor en el grupo de organizadores, pues les habían contado que las palabras expresadas desde el púlpito por el cura del pueblo la noche anterior, generaron incredulidad en algunos pobladores. “Dijo que era un acto de hechicería, cosas que no eran de Dios”, contó un testigo.

A pesar de esto, no pararon de hacer invitaciones y de recorrer cada calle de Contratación para anunciar el evento.
Finalmente, la misa de 10:00 de la mañana terminó tal lo acordado, a las 10:45. Restaron 15 minutos para que la plaza del pueblo se llenara y para que los curiosos buscaran los mejores asientos en los balcones de las casas más altas.

Las tradicionales canciones de la papayera juvenil anunciaron la caminata. Nuevamente, ‘El Mago’ desfilaba con mirada firme hacía su destino final. Esta vez las palmas, las sonrisas y las voces de aliento de los contrateños y los visitantes lo acompañaron.

La histeria fue total. Al dar su primer paso dentro de la plaza convertida en escombros, muchos pobladores le gritaban: “no la desentierre”, “se lo va a comer el diablo”, “si la saca se viene una tormenta”, “Dios lo va a castigar…”.

Los más pequeños, por el contrario lo animaban: “Mago, usted puede”, “busque el muñeco”, “vamos Mago”.
A pesar del cerco que creó la Alcaldía para detener a los curiosos, muchos se posaron frente a ‘El Mago’ para ser testigos de primera mano de lo que iba a ocurrir.

La algarabía no dio tiempo para hacer un acto cargado de discursos y promesas. El conjurador ‘iba a lo que iba’. Nadie quería esperar más.
Bastaron tres frases secretas, con su mano puesta sobre la piedra de la felicidad, para dar inicio al desenterramiento.

Dos hombres con pico y pala en mano, iniciaron la excavación. El lugar quedó en silencio, pero una mujer desesperada soltó un grito desgarrador. “¡No lo desentierre, por favor!”. Esta corta frase alteró la tranquilidad del ritual.

A partir de ese momento la energía de la fiesta comenzó bajar. La impotencia se apoderó de los contrateños; el sol brillante que iluminaba esa mañana se opacó, y los niños -los más felices con el desenterramiento- se abrazaron asustados.

Una mujer, en medio de lágrimas y otra con una camándula en sus manos, pedían al Dios de los cielos que nada ocurriera. Una jovencita, quien grababa en su cámara digital lo que ocurría, se detuvo y se secó la lágrima que de sus ojos bajó. “Y si lo sacan, ¿qué va a pasar con el cuento de la piedra?”, preguntó desconsolada a una amiga.
 
La revelación
Mientras eso y mil cosas más se vivían en el público, ‘El Mago’ se sumergía en su propio suplicio. Levantada la piedra, tuvo que agacharse y escarbar para buscar la marioneta, pero los restos en sus manos dejaban ver que de allí sólo salía tierra húmeda color caoba.

“Dejen eso quieto”, gritó una anciana. Otra, más optimista respondió, “¡Cállese! ¿No ve que esa tierra está toda apretada? Hay que buscar”.

Una carcajada al unísono regresó la magia al lugar. ‘El Mago’ quedó sorprendido frente a lo que encontró. No musitó palabra y menos se movió; su rostro lo decía todo, el tesoro mejor guardado en Contratación fue encontrado.

Como el taumaturgo no reaccionaba, uno de los organizadores se acercó para mirar lo que ocurría. Con la mano arriba y el dedo pulgar mirando al cielo, anunció que todo estaba bien.

Esto le dio un respiro a ‘El Mago’, quien finalmente sacó de las entrañas del parque una molla llena de tierra. Los aplausos sonaron y los gritos de emoción le recordaron a este personaje que de una vez por todas debía desocupar el viejo recipiente.

Con delicadeza buscó y lo primero que mostró al público acalorado fue un pedazo de trapo roído y sin color. “¡Es un bracito de la marioneta!”, dijo un niño a su papá. Otras voces murmuraban que definitivamente allí no había nada, que era una ilusión; algunos, más incrédulos, llegaron a afirmar que la noche anterior habían enterrado el ‘mamarracho’ y que todo era un cuento.

Pero, sin dar aviso, el ilusionista mostró lo esperado. No era una marioneta, era un pequeño títere de mano, hecho en trapos de colores, que se deterioró con el paso de los años.

Los contrateños lloraron, gritaron, se abrazaron y cantaron de alegría. La historia, mito o leyenda que por años hizo a su pueblo un rincón de misterio y prosperidad, era real. Desenterraron el tesoro que durante años les trajo felicidad.

Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ

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