Juliana Santos Velasco convirtió el guarapo en símbolo de nuestra herencia cultural y es por eso que llega a nuestra sección Las Santandereanas, donde las mujeres de nuestra tierra comparten sus historias inspiradoras.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
El guarapo llegó a la vida de Juliana Marcela Santos Velasco como un eco de la tierra. Es nieta de ganaderos, hija de montañas y llanuras y su abuela, una mujer del campo, es el alma de esa herencia. Lea también: María Cristina Plata de Jaimes: un legado de enseñanza y fe para Bucaramanga
Aunque Juliana nunca ha visitado Suratá, el pueblo de su abuela, Fanny Gelvez Sanchez, ha escuchado historias de que allá todo el mundo tiene al guarapo como compañero fiel. Y no podía ser de otra manera: la catadora número uno en su familia era ella, doña Fanny. Con su carácter fuerte, bebía el guarapo santandereano con la misma naturalidad con que otros respiran.
Ya desde entonces el guarapo se entrelazó con la vida de Juliana, arraigándose en su historia como lo hace la savia en las raíces de un árbol, un árbol criollo, como una savia recia, como la propia sangre de los santandereanos, de las santandereanas.

Mientras la pandemia azotaba al mundo en 2020, y se llevaba consigo a seres queridos, entre ellos a su papá, Jairo Santos, una nueva germinó en la mente de Juliana. La pérdida y el dolor le mostraron que la vida, con sus giros imprevisibles, podía ofrecer algo distinto a lo que ella siempre había imaginado. En medio del duelo, aquella bebida humilde de sus ancestros empezó a tomar otro significado: un cambio de su propio destino.
Este proyecto me ha dado una razón para seguir adelante. Hubo momentos en los que me sentí perdida, sin rumbo, pero el guarapo me devolvió la esperanza. Ahora, cuando veo a la gente disfrutarlo, siento que todo el esfuerzo ha valido la pena.
Así nació “Agua Taita”, una creación que combina la tradición con la modernidad y que encierra en cada sorbo la esencia de la tierra santandereana. Ya conquistó no sólo los mercados locales y también ha cruzado fronteras internacionales.
Juliana, realizadora audiovisual y fotógrafa, ve cómo su proyecto ha trascendido lo que alguna vez imaginó. Juliana no solo embotella una bebida, también un legado.
Y ese legado quiere extenderse al mundo: hoy Juliana gestiona la patente de su marca, la insignia del guarapo santandereano.
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Juliana es hija única: y luego del asesinato de su abuelo, Gilberto Velasco por parte de grupos armados, ella comprendió que sus padres la necesitaban. Aunque en su adolescencia soñó con ser fotógrafa de la National Geographic, lo cierto es que la vida le tenía preparada la creación de otro tipo de legado para la región.
Un viaje de sabor
La dulce panela de Mogotes o San Andrés, la jugosa piña de Lebrija y las uvas de Sevilla, eso es lo que le da al guarapo santandereano esa ligereza que lo convierte en la bebida perfecta para el calor, para la energía, para la vida.
El guarapo santandereano tiene una esencia única que lo distingue de los de otras regiones. “Es más claro y fresco. En otros lugares, lo preparan más espeso, como en Boyacá, pero el nuestro es ideal para los días calurosos; con un poco de hielo, con kola hipinto y limón, se convierte en un refresco delicioso,” comenta.
El guarapo de Agua Taita se destaca por su frescura inigualable y su meticulosa elaboración con ingredientes 100 % santandereanos.
El nombre “Agua Taita” surgió de manera casual, inspirado en el famoso grito del indio Rómulo: “¡Agua mamá, agua taita!”: “Me pareció perfecto y lo adopté de inmediato para mi marca. Desde ahí supe que así debía llamarse”, cuenta Juliana entre risas.
La gestación de Agua Taita estuvo repleta de desafíos. Juliana comenzó fermentando guarapo en pequeñas botellas en su hogar, cimentando así su ambición. Con dedicación, elevó esa bebida a un elixir competitivo, anhelando redefinir su imagen.
Un momento clave en el despegue de Agua Taita fue su participación en la Feria de Bucaramanga, donde Juliana se lanzó sin dudar a vender su producto directamente al público. “No puedes tener pena cuando emprendes. Yo llevaba mi cava y gritaba: ¡Guarapo, guarapo! en plena feria. Así logré que la gente lo probara y la respuesta fue increíble. Ahí fue cuando supe que este proyecto tenía futuro”, relata.
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Ante la creciente demanda, Juliana decidió registrar la marca y patentar su producto. “Quería que reflejara nuestras raíces. El indio guane en la botella simboliza nuestra tierra y ha tenido tanto éxito que ahora la gente no me pide guarapo, sino ‘aguataitas,” comenta Juliana con una sonrisa.
Con el respaldo de la Cámara de Comercio y en proceso de obtener la certificación del Invima, Agua Taita está lista para seguir creciendo. “Quiero que mi guarapo llegue a todo el país y más allá. Mi sueño es que cuando los turistas vengan a Colombia, se lleven una botella de Agua Taita, igual que se llevan una de aguardiente”, expresa Juliana, mirando hacia el futuro.
















